Por Tomás Briones
La elección para renovar la gubernatura en Tamaulipas en 2022, pasa por el control del territorio local y es el fondo del enfrentamiento entre el nuevo régimen y la oposición.
Las 22 diputaciones locales y los 43 Ayuntamientos que van a disputarse en los comicios de junio, son vitales para que tanto el PAN como la autollamada 4T afiancen sus posiciones pensando en el proceso electoral del próximo año.
Actualmente, Acción Nacional tiene la mayoría del Congreso local y de los Ayuntamientos desde 2016, cuando el gobernador Francisco García Cabeza de Vaca ganó la elección y terminó con 86 años de gobiernos priístas.
Entonces, sin alianzas electorales, el PAN se trepó en las preferencias ciudadanas y relegó al PRI como segunda fuerza, a pesar de su unión perniciosa con el Verde desde hace años.
Con un gobernador fuerte, con un framing adecuado para consolidar su narrativa de impulsar un cambio profundo, García Cabeza de Vaca avanzó y aunque Morena surgió con fuerza en 2018 como el partido hegemónico en las elecciones federales, al año siguiente el PAN mantuvo e inclusive incrementó su fuerza y control de municipios y del Legislativo.
De 2018 a la fecha, el panorama político de Tamaulipas cambió, pero no radicalmente. En 2016, con la asunción del PAN al poder comenzó un proceso de asimilación de las estructuras del PRI por parte del blanquiazul y a la desbandada de militantes y operadores se sumó el abandono de muchos ex: Alcaldes, diputados, delegados y hasta patrocinadores.
Aunque hubo quienes prefirieron subirse al barco de Morena y tratar de aprovechar los beneficios de la ola que arrasó hace 3 años, el PAN se mantuvo como la principal fuerza política.
El partido del Presidente López se alimentó de algunos personajes que todavía no dejaban enfriar su candente pasado priísta, cuando ya estaban ocupando candidaturas a diputaciones federales, locales y a Presidencias Municipales.
Las cosas en la relación política entre el gobernador, el PAN, el Presidente y Morena iban transitando bien en términos generales, hasta que en la elección de 2019 el senador Ricardo Monreal decidió intervenir primero directamente y después a través de su suplente Alejandro Rojas Díaz Durán, apoyando a algunos candidatos. Ahí fue en donde se abrieron las grietas y se profundizaron las diferencias entre todos.
El carácter rijoso de Alejandro Rojas comenzó el deterioro de la relación. Había puentes de comunicación que se respetaron durante el tiempo en que Yeidckol Polevnski encabezó el partido del Presidente, pero la intromisión de Monreal a través de Rojas se complicó la respetuosa relación.
La solicitud de procedencia que la Fiscalía General de la República presentó ante la Cámara de Diputados para buscar el desafuero del gobernador Francisco García Cabeza de Vaca y la campaña que el dirigente nacional Mario Delgado inició para desgastar la imagen del mandatario tamaulipeco, rompió los puentes de comunicación y acabó con las posibilidades de acuerdos políticos.
Enfrentados, ambos bandos decidieron que van a ir por todas las posiciones posibles en junio. Morena quiere ganar la mayoría del Congreso local para tener controlada la sucesión del próximo año.
También, quiere hacerse de más Presidencias Municipales que las 3 o 4 que tiene y, por si fuera poco, busca retener y aumentar el número de legisladores federales.
La estrategia para lograrlo tiene 2 vertientes: La primera se basa en la denuncia presentada por la Unidad de Inteligencia Financiera ante la FGR para iniciar el proceso de desafuero, buscando acotar jurídicamente el margen de maniobra de García Cabeza de Vaca.
Teniendo eso como base emprendió una intensa y extensa campaña mediática, buscando lo que llaman erosionar la imagen del gobernador tamaulipeco y del PAN. De paso, golpea a la oposición agrupada en otros estados en la alianza “VaX México”.
La según vertiente de esta embestida tiene que ver con la generación de conflictos, a partir de la designación de candidatos panistas que tienen diferencias con García Cabeza de Vaca, pero teniendo buena presencia pueden garantizarles votos.
La respuesta panista está a la vista: una narrativa que acusa al gobierno del Presidente López de atacar políticamente a un adversario, el impulso de un discurso que busca deslegitimar las acusaciones evidenciando que se trata de una acción para afectar a la oposición política en el país y principalmente, como una medida desesperada para tratar de que los candidatos de Morena en Tamaulipas logren buenos resultados.
Hasta ahora, diversas mediciones indican que en la guerra por las Presidencias Municipales, el Congreso local y las diputaciones federales, la campaña de Morena y de la FGR en contra el gobernador y del PAN no le alcanza a la autollamada 4T para conseguir su objetivo en hacerse de la mayoría y estar en condiciones de ganar la gubernatura el próximo año.





