El gobierno de Canadá firmó un acuerdo con China que modifica su política comercial sobre vehículos eléctricos, reduciendo el arancel de importación del 100% al 6.1% para un número limitado de unidades. A cambio, China disminuirá sus tarifas sobre productos agrícolas canadienses, en especial la canola. La medida representa un giro en la política exterior canadiense, que en años recientes se había alineado con las decisiones comerciales de Estados Unidos. El primer ministro Mark Carney justificó el acuerdo al señalar la necesidad de fortalecer el sector de autos eléctricos mediante la colaboración con socios innovadores. La administración Trump consideró esta acción como una posible deslealtad en el contexto de las próximas negociaciones del T-MEC.
El cambio canadiense ocurre en medio de una reconfiguración comercial global, marcada por políticas arancelarias de Estados Unidos bajo el liderazgo de Donald Trump. En los últimos meses, la Unión Europea firmó un acuerdo con Mercosur y explora otro con India, mientras que China ha desviado parte de sus exportaciones hacia Europa y el sudeste asiático. Trump ha aplicado aranceles de dos dígitos a diversas importaciones e incluso ha vinculado medidas comerciales a temas diplomáticos, como el control de Groenlandia. Canadá había sido objeto de aranceles estadounidenses en sectores clave, y aunque parte de estos siguen vigentes, ahora busca nuevas rutas comerciales.
El acuerdo con China ha generado críticas internas en Canadá. El primer ministro de Ontario, Doug Ford, expresó su preocupación por la competencia que enfrentarán los trabajadores automotrices canadienses, mientras que analistas advirtieron sobre posibles represalias comerciales de Estados Unidos. El tratado T-MEC se encuentra en proceso de revisión este año, y expertos anticipan que el acuerdo con China podría complicar las negociaciones. Carney señaló que el convenio con China es preliminar y que podrían introducirse ajustes. Además, se espera que empresas automotrices y agrícolas de Estados Unidos respalden la permanencia del pacto regional ante cualquier intento de Trump por modificarlo o abandonarlo.





