La muerte del papa Francisco no solo marcó el fin de un pontificado transformador, sino también de una etapa histórica: fue el primer papa jesuita en ocupar el trono de Pedro. Su legado ha puesto de nuevo en el foco a la Compañía de Jesús, una de las órdenes religiosas más influyentes y, a la vez, más complejas dentro de la Iglesia católica.
¿Qué significa ser jesuita?
Fundados en el siglo XVI por san Ignacio de Loyola, los jesuitas son conocidos por su compromiso con la educación, la justicia social y el trabajo misionero. Con el lema “ad majorem Dei gloriam” (“para la mayor gloria de Dios”), su misión se expande desde universidades de élite como Georgetown en EE.UU. hasta albergues para migrantes en zonas rurales de América Latina.
Para el reverendo Arturo Sosa, superior general de la orden, el jesuita es ante todo un “servidor de la alegría del Evangelio”, sin importar si se encuentra en un aula, una zona de guerra o un refugio improvisado.
¿Qué los hace diferentes?
Lo que distingue a los jesuitas es su capacidad para moverse entre las élites y los más marginados, como explica el reverendo Bruce Morrill, teólogo en la Universidad de Vanderbilt. Han sido consejeros de reyes, científicos y revolucionarios, pero también han sido expulsados, perseguidos y martirizados.
“Dios es glorificado donde los seres humanos son salvados”, resume Morrill sobre su enfoque que mezcla fe, educación y acción social.
Migración, derechos humanos y un legado que incomoda a los poderosos
El papa Francisco, como buen jesuita, hizo de la defensa de los migrantes una prioridad de su papado. Bajo su inspiración, organizaciones como el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) y la Red Jesuita de Migrantes brindan acompañamiento legal, psicológico y espiritual a personas desplazadas por la guerra, la pobreza o la violencia.
En El Paso, Texas, el reverendo Michael Gallagher atendió a más de 13.000 migrantes solo en 2023. Aunque su albergue tuvo que cerrar por la caída en los cruces fronterizos, asegura que la visión de Francisco sigue viva.
“Nos recordaba que todos somos migrantes en esta vida”, dijo el también abogado, en alusión a uno de los mensajes más constantes del papa.
Una historia marcada por la resistencia y la controversia
La historia de los jesuitas está llena de momentos intensos. En 1773, fueron prohibidos por el papa Clemente XIV, presionado por potencias europeas. Fueron restaurados en 1814 y regresaron a su vocación educativa con más fuerza.
También han sido víctimas de represión política, como en Nicaragua, donde el gobierno confiscó en 2022 la Universidad Centroamericana por su rol crítico contra Daniel Ortega. Y en El Salvador, durante la guerra civil, seis jesuitas fueron asesinados en 1989 por soldados.
En México, el asesinato de dos sacerdotes jesuitas en la Sierra Tarahumara en 2022 conmocionó a la comunidad. A pesar de estas tragedias, la orden continúa su labor entre los más olvidados.
También han enfrentado su lado oscuro
La Compañía de Jesús ha sido blanco de denuncias por abusos en internados para indígenas en Canadá y EE.UU., y recientemente se vio sacudida por el caso del reverendo Marko Rupnik, un conocido artista y teólogo acusado por al menos 20 mujeres de abuso sexual y espiritual. Rupnik fue expulsado de la orden en 2023.
Un papa que encarnó el espíritu jesuita
Francisco llevó ese carácter de servicio, humildad y mirada global que define a los jesuitas directamente al Vaticano. Su estilo sencillo y su preocupación por los excluidos hicieron que su pontificado se diferenciara radicalmente de los anteriores.
“Un gran pastor y peregrino”, lo describió el reverendo Brian Strassburger, quien trabaja con migrantes en la frontera de Texas y México.
Hoy, mientras el mundo despide a Francisco, la orden jesuita continúa su labor. Con más de 15.000 miembros en más de 110 países, su impacto en temas como educación, derechos humanos y espiritualidad sigue creciendo.





