¿Qué está pasando con Trump y el comercio mundial? Desde su regreso a la Casa Blanca, Donald Trump ha vuelto a hacer de los aranceles su arma favorita. Su más reciente jugada: imponer impuestos del 10% a casi todas las importaciones, y tarifas “recíprocas” mucho más altas a países que, según él, “estafan” a Estados Unidos. Algunos ejemplos extremos: un 50% a Lesoto o un 34% a China (sin contar los aranceles anteriores).
Con esta medida, el expresidente busca cambiar el orden económico global y, según él, defender los empleos y la industria estadounidense. Pero el efecto fue inmediato: el S&P 500 cayó 12% desde que se anunciaron los nuevos gravámenes el 2 de abril, y el temor a una recesión se extiende como pólvora por los mercados.
¿Por qué tantos están preocupados?
Aunque Trump insiste en que estos impuestos protegerán a la industria nacional y frenarán el déficit comercial, muchos economistas no están convencidos. Y es que la economía estadounidense —la más grande del mundo— ha prosperado durante décadas a pesar de tener un déficit comercial persistente.
“No hay razón para pensar que un déficit comercial mayor significa un menor crecimiento”, asegura Maurice Obstfeld, ex economista jefe del FMI.
En otras palabras, gastar más de lo que produces (como hacen muchos estadounidenses) no es necesariamente una señal de debilidad, sino un reflejo de una economía con alta capacidad de consumo… pero baja cultura del ahorro.
¿Es culpa de otros países?
Trump señala a Europa, China, México, Japón e incluso Canadá como responsables del “asalto económico” contra EE. UU. Asegura que manipulan sus monedas, subsidian industrias y aplican impuestos desleales a las exportaciones estadounidenses.
Sin embargo, los datos muestran otra cara: Estados Unidos es el segundo mayor exportador del planeta (solo detrás de China), y la inversión extranjera directa en el país alcanzó los 349 mil millones de dólares en 2023, casi el doble que Singapur, que le sigue en la lista. ¿Por qué? Porque a pesar de los déficits, el mundo sigue confiando en EE. UU.
¿Qué buscan los aranceles de Trump?
Para Trump, los aranceles no son solo una medida económica: son una herramienta de presión política. No solo busca equilibrar el comercio, también quiere usarlos para influir en temas tan diversos como la inmigración o el narcotráfico.
Pero esta estrategia tiene efectos colaterales: incertidumbre en los mercados, tensiones con aliados históricos y posibles represalias comerciales que podrían encarecer productos básicos, reducir empleos y afectar directamente al consumidor.
¿Hay otra forma de proteger la industria?
Sí. Expertos como Dani Rodrik, de Harvard, señalan que una política industrial bien diseñada y selectiva (no una guerra comercial indiscriminada) podría haber generado inversiones reales y crecimiento en la manufactura. Pero lo que está haciendo Trump, dice, solo genera ruido y aleja a los socios más cercanos de EE. UU.
¿Qué viene ahora?
Todo depende de la respuesta del mundo. Si los países afectados contraatacan con sus propios aranceles, el comercio global podría ralentizarse justo cuando muchas economías intentan recuperarse. Para Estados Unidos, el riesgo no solo es económico, sino también diplomático.
Y para el resto del mundo, la gran pregunta es: ¿puede una economía tan poderosa sobrevivir a su propio proteccionismo?






