El grito de Palenque

La historia de la República Mexicana y su naufragio interminable ha brindado ejemplares dignos de estudio en cuanto a sociopatía y narcisismo desde el ámbito político, durante poco más de dos siglos.

Si lo que el Dr. Will Fowler vino a denominar como la Era de los pronunciamientos—en cuanto a golpes de Estado y asonadas militares en nuestro país—a la hora de abordar el siglo XIX, no lo fue tanto por azar sino por la realidad convulsa que nuestro país enfrentaba en un intento desesperado por abrirse camino como Estado-Nación tras la ruptura que supuso, como trauma, la Independencia respecto a la vieja España.

Consecuente con las aguas turbias en las que poco o nada logró asentarse para bien, tocaría en adelante a cada sátrapa y tiranuelo en turno acompañar su asalto al poder o hasta la justificación de su propio régimen a través de la palabra escrita, según su estilo personal de gobernar, como asentaría Daniel Cosío Villegas en su certera critica al echeverrismo.

En el caso de Antonio López de Santa Anna veremos como medio de elección una serie de proclamas enarboladas ya para justificarse al tomar la presidencia o para entregarla con patetismo más propio de opereta; con Benito Juárez en cambio veremos el uso y abuso del fariseísmo legaloide extenderse en la tinta a través de una serie de decretos ya para intentar legitimarse a sí mismo, para perpetuarse o exterminar a quienes se opusieran a sus designios.

Ambas practicas por desgracia lograrían pervivir incluso después de la revolución mexicana, fusionándose ambos estilos en uno solo a través de lo que serían una serie de soporíferos manifiestos a la Nación enarbolados por seres igualmente inescrupulosos—como los Huerta, Carranza, Obregón, Calles y Cárdenas—y con las mismas intenciones.

Si acaso uno puede rastrear al menos un rasgo de originalidad entre estos últimos quizá se encuentre en la figura de Plutarco Elías Calles quien tras perpetuarse—hasta donde el Departamento de Estado americano se lo permitió—como autoproclamado “Jefe Máximo de la revolución” llegó a trascender por su llamado Grito de Guadalajara, mismo en donde de forma individualista marcaba la pauta a su sucesor un 20 de julio de 1934, desde el balcón del Palacio de Gobierno en Jalisco, en lo que denominó como el inicio de la educación socialista, exigiendo a la Revolución “apoderarse de la conciencia de la niñez y la juventud”.

Casi cien años después, la megalomanía de quienes han venido a desgobernarnos desde entonces no ha cedido ni en las formas ni en la sinrazón con la diferencia de que los de ahora lo han seguido haciendo por medios electrónicos, a través de una carta abierta o una publicación en twitter.

Conforme a esto último, el expresidente López reapareció públicamente después de meses de mantenerse alejado de la escena nacional y lo hizo mediante una carta en la que cuestionó las acusaciones de narcoterrorismo de Donald Trump contra el Gobierno de México y denunció lo que considera una campaña contra Morena desde el vecino país del norte.

Cabe señalar que la intervención del inquilino de Palenque  fue el mismo día que Los Angeles Times difundió que los gobernadores morenistas Américo Villarreal y Alfonso Durazo son investigados por nexos con el crimen organizado, siendo el mismo diario que reveló que el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, correligionario de López, fue acusado de narcotráfico por la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York junto a nueve funcionarios suyos, de los cuales dos ya están bajo custodia norteamericana.

Sin embargo, para Hugo Garciamarín, politólogo de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, llama la atención que lejos de respaldar a su sucesora, López dedicó el texto para recordar supuestos logros de su propio gobierno: “En su carta…apenas y menciona a la presidenta Claudia Sheinbaum. El texto gira en torno a él mismo”, señaló el también director de la revista Presente.

Después un análisis crítico de esta extraña misiva, el especialista planteó la interrogante sobre las intenciones del tabasqueño: “¿A quién busca proteger realmente el expresidente con su carta?. No queda claro si se refiere al país, a su familia o a La Quinta de la Chingada”, concluyó Garciamarín.

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