La reciente decisión de la Secretaría de Educación Pública (SEP) de modificar el calendario del ciclo escolar 2025-2026 ha desatado una tormenta de críticas entre académicos y líderes magisteriales. Para los expertos, este “ajuste” no es solo un error administrativo, sino una señal de una pésima relación entre la administración federal y el sector educativo.
Hugo Aboites, investigador de la UAM Xochimilco, calificó la medida como un acto de centralismo que parece ignorar décadas de avance pedagógico. “No se puede tener una SEP con un centralismo como en tiempos de Plutarco Elías Calles”, sentenció, señalando que las decisiones tomadas “a puerta cerrada” ignoran por completo los procesos formativos reales.
El impacto social: Más allá de las aulas
La modificación del calendario no solo afecta las boletas de calificaciones; trastoca la economía y la seguridad de millones de familias mexicanas. Francisco Bravo Herrera, director de primaria e integrante de la CNTE, destacó puntos críticos:
- Vulnerabilidad familiar: En muchas escuelas, hasta el 50% de los alumnos provienen de hogares con madres jefas de familia. El cierre anticipado o los cambios bruscos dejan a estos menores solos en casa.
- Efecto dominó económico: Se afecta a cooperativas, comedores, proveedores, transportistas y comerciantes que dependen del flujo escolar.
- Salud emocional: Para millones de niños, la escuela es el único espacio seguro para socializar y alimentarse.
La postura del SNTE: ¿Aceptación o resistencia?
Por su parte, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), liderado por Alfonso Cepeda Salas, mantuvo una postura más institucional. Aunque reconocen que la SEP tiene la facultad legal para realizar ajustes, condicionaron su apoyo a que se respeten los derechos laborales y se implementen mecanismos para recuperar aprendizajes.
Una de las propuestas sobre la mesa es adelantar el regreso a clases para el 7 o 14 de agosto, con el fin de mitigar el rezago educativo que estos cambios podrían provocar.
¿Soberbia o desconocimiento?
La crítica más severa recae en la falta de consenso. Mientras la autoridad educativa defiende su facultad de mando, los directores en el campo de batalla denuncian una “soberbia” que impide reconocer errores técnicos. “Sacar a la calle a 28 millones de niños y adolescentes sin un plan de contención es lamentable”, concluyó Aboites.
Con el ciclo escolar en la mira, la comunidad educativa exige que el calendario escolar deje de ser un documento de oficina y se convierta en una herramienta que entienda la realidad social de México en pleno siglo XXI.





