El panorama geopolítico en el Caribe ha dado un giro drástico. Tras las operaciones militares estadounidenses que resultaron en la captura de Nicolás Maduro en Venezuela y la ofensiva en Irán, el presidente Donald Trump aseguró este martes que el gobierno de Cuba es el siguiente objetivo en su estrategia de expansión de influencia en la región.
“En estos momentos Cuba está en muy mal estado. Y haremos algo con Cuba muy pronto”, declaró el mandatario desde la Casa Blanca, elevando la tensión a niveles no vistos en décadas.
El colapso energético: El arma de presión de Washington
La isla enfrenta actualmente un apagón nacional crítico, consecuencia directa de las sanciones impuestas por la administración Trump, que incluyen el cese total de las exportaciones de petróleo desde Venezuela y amenazas de aranceles a cualquier nación que suministre combustible a la Habana.
Marco Rubio: “El sistema no tiene arreglo”
El secretario de Estado, Marco Rubio, reforzó la postura de línea dura al señalar que la economía cubana es disfuncional bajo el actual sistema político. Según Rubio, las propuestas de apertura comercial hechas por el gobierno de Miguel Díaz-Canel no son “lo suficientemente drásticas” para levantar las restricciones.
Las condiciones de EE. UU. para negociar son:
- Liberación inmediata de todos los presos políticos.
- Avances reales hacia la liberalización económica y política.
- Posibilidad de una “toma amistosa” para la transición de poder.
Entre la diplomacia y la incertidumbre militar
Aunque el gobierno estadounidense mantiene canales de negociación, el objetivo declarado es la salida de Díaz-Canel. No obstante, analistas como Michael Bustamante, experto de la Universidad de Miami, advierten que las piezas de esta estrategia “no cuadran”, pues no hay claridad sobre quién asumiría el mando en un país donde la familia de Raúl Castro aún retiene el control real.
Miseria en las calles: El rostro humano de la crisis
Mientras en Washington se debate el futuro político, en las calles de La Habana Vieja la realidad es de supervivencia. Con solo el 5% de la capital con electricidad, los ciudadanos enfrentan situaciones desesperadas:
“Lo poquito que tenemos para comer se echa a perder. Este pueblo está envejecido para seguir sufriendo”, lamenta Tomás Velázquez, residente de 61 años.
El Ministerio de Energía y Minas ha intentado restablecer “microsistemas” en provincias como Holguín y Pinar del Río, pero la infraestructura, que solo cubre el 40% de la demanda con producción propia, se encuentra al borde del colapso total.






