Durante su campaña presidencial y los primeros meses de su segundo mandato, el presidente Donald Trump reiteró que podría resolver el conflicto entre Rusia y Ucrania en un plazo de 24 horas. Sin embargo, a diez meses de haber asumido el cargo, la evolución de su relación con Vladímir Putin y Volodymyr Zelenskyy ha reflejado un panorama cambiante.
En un inicio, Trump mostró cercanía con el mandatario ruso y distanciamiento con el presidente ucraniano. Posteriormente, impuso sanciones contra Rusia y dio señales de respaldo al objetivo ucraniano de recuperar los territorios ocupados por Moscú.
A lo largo del año, Trump alternó críticas y expresiones de confianza hacia Putin, mientras fluctuó entre el reproche y el acercamiento hacia Zelenskyy. Tras un tenso encuentro en la Oficina Oval, Trump congeló temporalmente la ayuda militar a Ucrania, aunque luego reactivó los envíos.
También condicionó la continuidad del apoyo a que Kiev avanzara en negociaciones de paz. En diversas ocasiones, insistió en que ambos líderes debían ceder. En octubre, sugirió permitir a Rusia conservar parte del territorio tomado desde 2022 como vía para terminar el conflicto. Más recientemente, propuso un plan de paz que incluye concesiones territoriales, recortes al ejército ucraniano y la exclusión permanente de Ucrania de la OTAN.
El plan fue presentado a Zelenskyy con una fecha límite para aceptarlo, coincidiendo con el Día de Acción de Gracias. Aunque Trump indicó después que está abierto a ajustes, legisladores estadounidenses cuestionaron el origen de la propuesta. Algunos senadores mencionaron que parecía coincidir con los intereses del Kremlin.
El Departamento de Estado negó que el plan viniera de Rusia, y el secretario de Estado Marco Rubio defendió su legitimidad como iniciativa de Estados Unidos. Trump, por su parte, criticó nuevamente al liderazgo ucraniano por lo que considera falta de gratitud, y señaló a los países europeos por seguir comerciando con Rusia mientras continúa el conflicto.






