La histórica relación entre México y Estados Unidos, marcada por la vecindad y la interdependencia, enfrenta hoy un nuevo y acuciante desafío: el agua. Las palabras de la presidenta, Claudia Sheinbaum, recogidas por el ingeniero Ramón Aguirre Díaz, consultor especialista en agua, resuenan con la urgencia de un compromiso binacional que la sequía implacable amenaza con desestabilizar. Sin embargo, como bien señala el ingeniero, este no es un tema reciente, sino una disputa que se remonta a 1870, intrínsecamente ligada a la pérdida de vasto territorio mexicano en 1848.
Desde entonces, la cuestión de la distribución del agua de los ríos Colorado y Bravo ha sido un punto de tensión. Es crucial entender que no se trata de un mero intercambio de agua, sino del reconocimiento de derechos históricos para ambos países. México demostró su derecho a 1,850 millones de metros cúbicos del río Colorado, mientras que se reconoció el derecho de los agricultores estadounidenses sobre 231 millones de metros cúbicos anuales del Río Bravo. Esta disparidad en las cantidades subraya que, aunque Estados Unidos reciba más agua, se basa en un reconocimiento de derechos preexistentes.
La flexibilidad acordada en 1969 por la Comisión Internacional de Límites y Aguas, que permite contabilizar las entregas en ciclos de cinco años en lugar de anuales (2,158 millones de metros cúbicos por ciclo), ofrecía un margen de maniobra. Sin embargo, la realidad es que, a pesar de que el ciclo actual no vence hasta el 24 de octubre, México enfrenta una situación crítica al no contar con las reservas necesarias para cumplir con su parte. Las condiciones de sequía extrema han llevado las presas internacionales a niveles alarmantes: La Amistad al 14%, Falcón al 9% y la crucial presa de La Boquilla en Chihuahua, que abastece al Río Bravo, a un escaso 15% de su capacidad.
Esta situación ha generado una respuesta agresiva por parte de Estados Unidos, con la amenaza de imponer aranceles. No obstante, el ingeniero Aguirre Díaz aclara un punto fundamental: la incapacidad de México para cumplir no se debe a una falta de voluntad, sino a la dramática escasez de agua provocada por la sequía.
Pero la sequía es solo una parte de un problema más profundo. El agua, siendo propiedad de la nación y las presas federales, requiere una gestión coordinada con los agricultores y los gobiernos estatales. El precedente de la toma de la presa La Boquilla en 2020 por agricultores chihuahuenses ilustra la complejidad de la situación y la necesidad de un diálogo constante.
Más allá de la coyuntura climática, existen desafíos estructurales que dificultan el cumplimiento del tratado. Las cuencas están sobre concesionadas, otorgando más derechos de agua de lo que un ciclo hidrológico normal puede ofrecer. Además, el cambio en los tipos de cultivo hacia variedades más demandantes de agua, como nogales y frutales, y el “huachicoleo” extracción ilegal de agua, exacerban la escasez.
Es preocupante que, incluso en condiciones de lluvia normal, México enfrentaría serias dificultades para cumplir con sus compromisos, a diferencia de Estados Unidos, que cumple cabalmente con la entrega de agua del río Colorado. Esto revela una demanda interna que supera la capacidad natural de la cuenca del Río Bravo.
La solución, como apunta el ingeniero Aguirre Díaz, pasa por una inversión significativa en el uso eficiente del agua, como el riego por goteo, y por meter orden en el robo de agua. Esto requiere un esfuerzo concertado del gobierno federal, los gobiernos estatales, los agricultores y todos los usuarios para garantizar el cumplimiento del tratado en el futuro.
El conflicto por el agua entre México y Estados Unidos es mucho más que una disputa sobre volúmenes; es un reflejo de la intrincada relación histórica, las cambiantes realidades ambientales y los desafíos internos de gestión de recursos. La sequía actual expone la fragilidad de un sistema que, incluso en condiciones normales, opera al límite de su capacidad. Entender que se trata de un reconocimiento de derechos y no de un simple intercambio es fundamental para abordar la situación con la seriedad que amerita.
La agresiva postura de Estados Unidos subraya la importancia de cumplir con los compromisos, no solo para evitar sanciones económicas, sino para salvaguardar los propios derechos de México sobre el agua del río Colorado. La urgencia de invertir en infraestructura hídrica eficiente y combatir el “huachicoleo” no es solo una necesidad para cumplir con un tratado, sino una cuestión de seguridad y sustentabilidad para las generaciones futuras en un territorio donde el agua es un bien cada vez más preciado.




