El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, vuelve a la carga con su política arancelaria. A partir del miércoles, todas las importaciones de acero y aluminio estarán sujetas a un arancel del 25%, en un intento por proteger la industria nacional.
Pero el martes, Trump fue aún más lejos al amenazar con duplicar el arancel al 50% para el acero y aluminio provenientes de Canadá. La Casa Blanca dio marcha atrás horas después, luego de que la provincia de Ontario suspendiera una medida de represalia.
Las consecuencias de estos aranceles no solo afectarán a la industria extranjera, sino también a empresas estadounidenses que dependen de estos materiales, como fabricantes de automóviles, constructoras y productores de bebidas.
La misma estrategia, pero más agresiva
Trump ya había impuesto aranceles en 2018 durante su primer mandato:
- 25% al acero y 10% al aluminio, argumentando que eran esenciales para la seguridad nacional.
- Los principales afectados fueron aliados de EE.UU., como Canadá, México, Japón y Corea del Sur.
Canadá y México fueron eximidos en 2020, tras aceptar un nuevo acuerdo comercial con EE.UU. Se otorgaron exenciones a empresas que no podían obtener ciertos materiales de fabricantes estadounidenses.
Pero esta vez, Trump eliminará esas excepciones y subirá el arancel al aluminio al 25%. Además, su gobierno ha planteado medidas aún más drásticas, como aranceles del 20% a todas las importaciones chinas y nuevos gravámenes a productos de Canadá y México.
Impacto en la economía: ¿a quién beneficia realmente?
Los aranceles de Trump benefician a la industria del acero y aluminio en EE.UU., ya que alentarán la producción nacional. Sin embargo, esta industria emplea a menos de 150,000 personas, mientras que otras empresas afectadas por el alza de precios tienen millones de trabajadores.
En 2021, la producción de acero y aluminio en EE.UU. creció en $2,300 millones, pero… Las empresas que dependen de estos materiales perdieron $3,500 millones, según la Comisión de Comercio Internacional de EE.UU.
Los fabricantes estadounidenses ya están subiendo los precios, lo que los pone en desventaja frente a competidores extranjeros. Por ejemplo, el acero en EE.UU. cuesta $854 por tonelada métrica, mientras que en el mercado global se vende a $488.
Además, el aluminio presenta otro problema: EE.UU. solo tiene cuatro fundidoras, y aumentar la producción requiere enormes cantidades de energía.
El riesgo de represalias y la tensión con Canadá
Estos nuevos aranceles podrían provocar represalias de otros países. De hecho, Canadá ya está preparando una respuesta y anunciará nuevas medidas esta semana.
Los críticos advierten que Trump está atacando al país equivocado. El verdadero problema de la industria del acero es China, cuya sobreproducción ha inundado el mercado global con precios bajos.
Pero EE.UU. ya restringe la entrada de acero chino, que representa menos del 2% de las importaciones. En cambio, los nuevos aranceles afectan a aliados estratégicos como Canadá y México, que suministran la mayor parte del acero y aluminio estadounidense.
Incertidumbre para empresas y consumidores
La política arancelaria de Trump no solo encarece los costos de producción, sino que también genera incertidumbre en las empresas, que podrían retrasar inversiones y expansiones hasta que haya estabilidad.
¿El resultado? Posible aumento de precios para los consumidores, presión inflacionaria y tensiones comerciales con países aliados.
Para empresas como Steelport Knife Co., que fabrica cuchillos con acero estadounidense, los costos ya subieron un 10%. Sus competidores en Japón y Alemania ahora tienen ventaja, y clientes canadienses han comenzado a cancelar pedidos en represalia por los aranceles de Trump.
¿Qué sigue?
- Los próximos meses serán clave para ver cómo reaccionan los socios comerciales de EE.UU.
- Si más países responden con aranceles, el impacto económico podría ser mayor de lo esperado.
- Los fabricantes en EE.UU. enfrentarán un dilema: absorber costos o subir precios y perder clientes.






