Más diplomacia de cuarta

Cuando se tienen nociones básicas Diplomacia, uno bien puede remitirse a libros clásicos que abarcarán desde el Cardenal Richelieu y el Príncipe de Metternich hasta llegar a obras homónimas como la dictada por Kissinger en el siglo XX.

Sin embargo, si en algo están de acuerdo los expertos en la materia es en que la Diplomacia como tal exige de sus representantes una serie de cualidades tan propias como inmutables: veracidad, una conducta intachable, discreción, experiencia previa en el campo, paciencia, rigor, conocimiento en la materia, institucionalidad y patriotismo por parte de quien termina siendo enviado como emisario del país propio a otra nación.

En fin, una serie de virtudes que solían caracterizar al Servicio Exterior Mexicano y su Cancillería con personajes formados en el Instituto Matías Romero o dotados de prestigio y honorabilidad a toda prueba: algo que por desgracia se vino a corromper este sexenio, y empezando no solo por la designación de Marcelo Ebrard—manchado con los escándalos de la Línea 12 del Metro—y siguiendo por el presidente de la República al haber propuesto a un abusador como Pedro Salmerón para ocupar, por favores muy personales, nada menos que nuestra Embajada en Panamá.

Pese al repudio nacional e internacional que suscitó la postulación de un personaje tan sucio, el presidente intentó insistir en su representación pese al rechazo de la Cancillería panameña a lo que consideraban una ofensa. Pero López no se conformó y llegó a denostar a aquel país, desde sus homilías mañaneras, comparando a su Ministra de Relaciones con “La Santa Inquisición” (independiente de lo que desde su ignorancia histórica, como cachorro del echeverrismo, signifique eso).

Como remedo, ahora propone a la Senadora Jesusa Martínez—otro personaje torvo y vulgar que se autodefine como drogadicta “de tiempo completo”—para sustituir al indefendible corrido del INEHRM, cuya postulación—la de Jesusa—también generó protestas en aquel país.

Lo grave aquí es que en ambas designaciones tan desafortunadas el presidente también violó la Convención de Viena que estipula en su Artículo 4 que antes de anunciar el nombramiento de un embajador se debe de notificar y pedir primero la aceptación del país anfitrión; hecho que se suma a lo que desde la oclocracia cuatrotera se ha hecho del Servicio Exterior Mexicano: rebajándolo a una agencia de colocación de empleos para porristas del régimen, aunque se trate de individuos repudiables.

Twitter: @sada_enrique

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