La variante ómicron del coronavirus que empieza a propagarse por todo Sudamérica ejerce presión sobre los hospitales, cuyos empleados se están ausentando por enfermedad, lo que deja a las instalaciones sin suficiente personal para lidiar con la tercera ola de COVID-19.
Un hospital importante de la ciudad más grande de Bolivia dejó de aceptar a pacientes nuevos ante la falta de personal, y uno de los estados más poblados de Brasil canceló por un mes las cirugías programadas.
En tanto, la Federación Argentina de Prestadores de Salud (FAPS), que pertenece al sector privado, indicó a The Associated Press que calcula que alrededor de 15% de sus trabajadores sanitarios actualmente están contagiados con el virus.
Hay una alta demanda en todos los servicios, desde los testeos y el primer nivel de atención. Y esto genera mucha tensión. Esta ola está afectando mucho al equipo de salud desde el personal de limpieza, los técnicos, los profesionales, con un alto porcentaje que enfermó, aunque está con el esquema de vacunación completo
Jorge Coronel, presidente de la Confederación Médica de la República Argentina






