Una lección (y elección) histórica

La historia de México desde su Independencia en 1821 empieza a entrelazarse con las historia de los Estados Unidos de Norteamérica a menos de dos años de su emancipación de la Madre Patria.

El vínculo con el vecino del norte se volverá no solo innegable sino fatídico para la nación mexicana que en su inmadurez llegó al punto de emular las instituciones, el sistema político y la constitución de aquel país, soñando con alcanzar el mismo desarrollo o por temor, creyendo que por compartir el mismo régimen y sistema el Goliat dejaría de ensañarse con nuestro país, lo cual no evitó perder ante el mismo más del 55% del territorio tras la invasión de 1847.

Desde entonces la relación asimétrica y la intervención constante ha sido una realidad asumida en el curso de nuestra vida política y económica, misma donde el inquilino en turno de la Casa Blanca viene a fungir como nuestro “gran elector”, independiente del partido vencedor.

En este mismo tenor, la elección presidencial estadounidense se nos presenta a los mexicanos como una elección trascendental en nuestro devenir, en el corto y mediano plazo, tanto por lo que implicaría como por sus repercusiones.

En el caso del presidente Trump y su posible reelección—pese a sospechas de fraude y de boletas infladas en su contra—su triunfo sería idóneo para el presidente de México quien, domesticado tras sus intentos fallidos y descubiertos de permitir el paso indiscriminado de migrantes centroamericanos a Estados Unidos, fue doblegado por el neoyorquino bajo varias amenazas que se tradujeron en ventajas económicas para aquel país a costa de los intereses y dignidad de los mexicanos.

Por su parte, la eventual y muy factible llegada de Biden a la Casa Blanca implicaría una serie de  represalias para el gobierno mexicano debido a su desprecio por el candidato demócrata más gris de todos los tiempos, quien no dejó de señalar tomar medidas para revertir el desorden y el auge del narcotráfico en México, lo cual significaría una ventaja para la oposición y quizá un respiro para una ciudadanía cada vez más vulnerada en su libertad, seguridad e intereses.

No obstante, no deja de ser lamentable en ambos casos la dependencia y sumisión de nuestro país ante los vaivenes del país al norte del Río Bravo cuya suerte, por fatalidad, nos seguirá afectando como nación satélite bajo su protectorado de facto.

Twitter: @sada_enrique

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