Rusia renovó sus ataques el miércoles sobre la segunda ciudad más grande Ucrania, un bombardeo que iluminó el cielo con bolas de fuego sobre zonas habitadas, aunque ambas partes dijeron estar listas para entablar conversaciones dirigidas a detener la nueva y devastadora guerra en Europa.
Mientras Rusia continuaba su ataque, el vocero del Kremlin Dmitry Peskov dijo el miércoles que una delegación estaría lista para reunirse por la tarde con funcionarios ucranianos.
El ministro ucraniano de exteriores, Dmytro Kuleba, también dijo que su país estaba dispuesto, aunque señaló que las demandas rusas no han cambiado y que no aceptaría ningún ultimátum. Ningún bando dijo dónde podrían celebrarse las conversaciones.
La escalada de ataques sobre ciudades abarrotadas seguía a una primera ronda de conversaciones el lunes entre Ucrania, muy superada por Rusia, que es una potencia nuclear. Esos primeros contactos terminaron apenas con el compromiso de nuevas reuniones. No estaba claro dónde podrían celebrarse las nuevas negociaciones o qué resultado tendrían. El presidente de Ucrania había dicho antes que Rusia debía detener los bombardeos antes de otra reunión.
Más de 874.000 personas habían huido de Ucrania desde el inicio de la invasión, según la agencia de refugiados de Naciones Unidas, que advirtió el miércoles de que la cifra podría alcanzar el millón en cuestión de horas.
El número de muertos no estaba claro, ya que ni Rusia ni Ucrania daban cifras de tropas caídas. El Servicio Estatal de Emergencias de Ucrania dijo el miércoles que más de 2.000 civiles han muerto, aunque fue imposible verificar esa afirmación. La oficina de derechos humanos de Naciones Unidas dijo haber registrado 136 muertes de civiles. Es probable que la cifra real sea mucho mayor.
El mandatario ucraniano, Volodymyr Zelenskyy, ha tachado los bombardeos rusos de descarada campaña de terror, mientras que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, advirtió que, si el líder ruso no “paga un precio” por la invasión, la agresión no se limitará a un país.
Un ataque ruso golpeó el miércoles el cuartel general de la inteligencia y policía regional ucraniana en Járkiv, una ciudad de unos 1,5 millones de personas, donde cuatro personas murieron y varias resultaron heridas según el servicio estatal de emergencias en Ucrania, que informó de daños en edificios residenciales.
Zelenskyy, que describió el ataque a la plaza de Járkiv como un crimen de guerra que el mundo nunca olvidaría, expresó su indignación el miércoles por el ataque a Babi Yar y su preocupación porque otros lugares de relevancia histórica y religiosa, como la Catedral de Santa Sofía, pudieran ser atacados. La localidad de Uman, un lugar de peregrinaje par judíos hasídicos, fue bombardeada antes.
Zelenskyy, que es judío, pidió a los judíos de todo el mundo que protestaran contra la invasión.
Con información de AP






