De Hispanofobia y falso indigenismo

Toda evidencia histórica o antropológica de que los españoles no cometieron genocidio alguno es negada por los gobiernistas e izquierdistas lectores de los libros de Eduardo Galeano

Una de las tantas patrañas a las que acuden las tiranías de izquierda en Latinoamérica como instrumento burdo de manipulación, y de las que el régimen Cuatrotero en México tampoco hace excepción, es la hispanofobia en su vertiente más hipócrita, burda y rabiosa como es el falso indigenismo (ignorando que la Hispanidad por doctrina y hasta por corolario es forzosamente indigenista).

Este falso indigenismo es el mismo que ha llevado a una costosísima maqueta burda en el zócalo de la capital mexicana tanto como a atentar directamente contra una obra de arte como lo es el monumento porfiriano erigido a Cristóbal Colón en el Paseo de la Reforma; quitándolo para sustituirlo por un adefesio que en nada representa ni a los mexicanos—que somos productos de la gran riqueza del mestizaje—y ni siquiera a la mitad de la mitad de las etnias indígenas a quienes les encanta elogiar solo desde el discurso, para olvidarse y rezagarlas por completo en los hechos.

Si España—como refiere Pablo Yurman—vino aquí únicamente con afán de lucro y para ello no dudó en explotar e incluso exterminar a pueblos enteros, ¿es ello compatible con que haya sido la única potencia europea que construyó hospitales y fundó universidades apenas desembarcó en este continente y lo siguió haciendo durante siglos?

De hecho, toda evidencia histórica o antropológica de que los españoles no cometieron genocidio alguno es negada por los gobiernistas e izquierdistas lectores de los libros de Eduardo Galeano: un uruguayo que no sabía ni lo que estaba escribiendo, como el mismo admitió décadas después, arrepintiéndose de haber publicado una obra llena de falsedades y errores.

Su libro Las venas abiertas de América Latina es considerado nada menos que la Biblia Indigenista. Y este libro, aunque refutado por académicos tanto como despreciado por su mismo autor—lleno de incoherencias y retórica hueca—es más valioso para la izquierda que todas las evidencias de los museos que demuestran que los indígenas practicaban sacrificios humanos y eran genocidas de otras tribus.

“No sería capaz de leerlo de nuevo. Caería desmayado…intentó ser una obra de economía política, solo que yo no tenía la formación necesaria”, remató el uruguayo el mismo año de su muerte; esto es, desde el 2015.

¿Y de quién suelen burlarse los izquierdistas por guiarse por un libro? Ah, sí: de los cristianos.

Twitter: @sada_enrique

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