En el teatro de la tragedia humana que suele ser habitual en nuestro país, la ciudad de Saltillo trascendió a nivel nacional como escenario de un caso de maltrato animal que con singular saña fue mostrado ante los distintos medios de comunicación.
Rocky, un perro de raza Gran Pirineo de 14 años, fue víctima de abuso grave el 19 de julio en el fraccionamiento Villa San Miguel, donde fue captado en video por varios vecinos mientras era amarrado a la asta de remolque de una camioneta y arrastrado por las calles por Liliana García, sin más razón que vengarse de su esposo.
Las imágenes captadas por vecinos y testigos son dantescas: desde como Rocky era arrastrado sobre el pavimento con crueldad hasta el momento en que la responsable se puso tranquilamente a tratar de lavar los rastros de sangre en su cochera, arrojando agua y jabón con un bote, junto al animal aun amarrado e inconsciente.
Tras su rescate, Rocky permaneció con vida y oficialmente bajo resguardo de la Fiscalía General del Estado aunque en realidad, dado que el Gobierno local carece de la atención especializada y el sitio óptimo para curarlo, terminó recibiendo atención veterinaria en el Hospital para mascotas Pets Care debido a lesiones graves en la piel, almohadillas y politraumatismos. Tras la captura de la mujer, gracias a la indignación pública que se hizo presente, las autoridades dieron parte de su estado de salud como delicado y con pronóstico reservado, por lo que permaneció en terapia intensiva, asegurándose que no sería regresado con sus dueños.
Por su parte, la Agrupación Dignidad Animal acompañada por vecinos de la zona, presentó formalmente una denuncia y aportó pruebas para fortalecer la investigación ante la Fiscalía, exigiendo que el delito no quedara impune por supuestos lazos de compadrazgo político de la delincuente, por lo que estaría enfrentando hasta 8 años de prisión—el Código Penal del Estado de Coahuila establece penas de 6 meses a 4 años de prisión por crueldad, y de 2 a 6 años si el acto provoca la muerte del animal—aunque la sociedad pide un castigo ejemplar.
Lamentablemente, Rocky no logró recuperarse. Tras varios días luchando por su vida en el Hospital Veterinario, los médicos confirmaron que las lesiones eran demasiado graves. El daño neurológico y el trauma medular terminaron arrebatándole la vida la mañana del 22 de julio de 2026.
Sin embargo, su tragedia se convirtió en un símbolo de la lucha contra el maltrato animal pues provocó una indignación que trascendió las fronteras del Estado. Y es que el maltrato animal en México entraña una crisis social que no es menos que alarmante, ya que según un estudio realizado desde hace tres años por el Instituto Belisario Domínguez (IBD) del Senado de República nuestro país ocupa el tercer lugar a nivel mundial en maltrato hacia los animales y el primero de todo el Continente americano, donde 7 de cada 10 mascotas sufren algún tipo de abuso y mueren más de 60,000 animales al año a consecuencia de este tipo de violencia.
La violencia hacia los animales en México no se limita a agresiones físicas directas, pues abarca el abandono masivo de 500,000 perros y gatos cada año, dejando al 70% de la población canina total del país en situación de calle; la negligencia doméstica, que es: mantener animales amarrados, a la intemperie, sin acceso regular a agua o alimento limpio ni atención médica básica y la explotación laboral y comercial que es incluye la sobrecarga de animales de tracción y crías clandestinas para venta masiva o peleas ilegales de perros.
Si bien existen en algunos Estados y Municipios teléfonos para reportar cualquier acto de crueldad, omisión de cuidados o abandono, no se cuenta con instancias públicas que garanticen seguimiento a estos casos, ni se contempla financiamiento para la atención médica urgente e inmediata cuando los abusos suceden, por lo que incluso una vez interpuesta la denuncia terminan siendo ciudadanos o veterinarios de buena voluntad quienes terminan interviniendo y asumiendo la responsabilidad y costos en solitario, mientras el Gobierno en sus tres niveles simplemente se lava las manos al final del día.




