El recrudecimiento de la guerra en el Medio Oriente ha comenzado a pasar factura a los mercados energéticos globales. Este domingo, tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra objetivos iraníes y la respuesta de Teherán en el Golfo Pérsico, los precios del petróleo registraron un alza abrupta del 8%, encendiendo las alarmas sobre un posible aumento en el costo de los combustibles.
Expertos en energía advierten que, de prolongarse el asedio en el Estrecho de Ormuz —por donde pasa el 20% del petróleo mundial—, el gobierno federal podría verse obligado a ajustar los estímulos fiscales al IEPS, lo que elevaría el precio final al consumidor en el estado para evitar un desbalance en las finanzas públicas.
El crudo estadounidense West Texas Intermediate (WTI) subió de 67 a 72 dólares por barril, mientras que el Brent escaló hasta los 79 dólares. Esta inestabilidad geopolítica también ha puesto presión sobre el tipo de cambio; esta mañana, el dólar cotiza en 17.33 pesos, lo que encarece las importaciones de gasolinas que realiza nuestro país.
Puntos clave de la crisis energética:
- Bloqueo logístico: Los ataques contra embarcaciones en el Estrecho de Ormuz han restringido la capacidad de exportación de potencias como Arabia Saudí e Irak.
- Respuesta de la OPEP+: En una reunión de emergencia, ocho países (incluidos Rusia y Arabia Saudí) acordaron aumentar la producción en 206,000 barriles diarios para intentar estabilizar los precios, aunque el alivio podría ser limitado si las rutas de navegación siguen cerradas.
- Riesgo de desabasto global: Irán exporta 1.6 millones de barriles diarios; si estos flujos se detienen, países como China buscarán suministro en otros mercados, elevando la competencia y el precio.






