El gobierno de Estados Unidos anunció una nueva serie de aranceles que oscilan entre el 10% y el 49% sobre productos provenientes de diversos socios comerciales, entre ellos la Unión Europea.
El presidente Donald Trump argumentó que la medida busca revertir lo que consideró como décadas de prácticas comerciales desfavorables para su país, con el propósito de atraer empleos e inversión hacia territorio estadounidense. En esta nueva ronda, uno de los ajustes más relevantes fue un impuesto del 20% sobre importaciones europeas, lo que generó reacciones por parte de gobiernos, empresas y mercados financieros.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, indicó que las medidas afectarían a sectores como alimentos, transporte y medicamentos, aunque aseguró que la UE mantiene la disposición de dialogar con Washington. Otros gobiernos también reaccionaron, como Japón, Reino Unido y México.
La presidenta Claudia Sheinbaum señaló que su administración evaluaría las implicaciones de la decisión antes de emitir una postura oficial. En el caso de México y Canadá, ambos quedaron excluidos de algunos de los nuevos gravámenes debido a su acuerdo comercial vigente con Estados Unidos, aunque ciertos productos, como automóviles, sí enfrentan nuevos cargos.
Analistas internacionales advirtieron que este aumento en las tarifas podría tener consecuencias en el crecimiento económico global y en la inflación.
Economistas señalaron que el arancel promedio en Estados Unidos pasó del 2.5% en 2024 a aproximadamente 22%, cifra comparable a niveles registrados hace más de un siglo.
Algunos países, como China y Corea del Sur, anunciaron que evalúan contramedidas para proteger a sus sectores productivos, mientras que otros, como Australia y Nueva Zelanda, manifestaron su desacuerdo sin prever represalias para no afectar a sus consumidores.






