La nueva adaptación cinematográfica de la célebre franquicia ochentera, He-Man y los Masters del Universo, llegó a las pantallas operando bajo una estructura que recuerda de forma inevitable a las películas de orígenes del Universo Marvel. Construida a partir del viaje del héroe clásico, la producción se vale de fórmulas de acción vistas de manera recurrente en el cine contemporáneo; sin embargo, a diferencia de propuestas similares, el director Travis Knight logra imprimir un sello distintivo gracias a una sorprendente sobredosis de color y a una desvergüenza estilística muy particular.
El largometraje intenta poner cierta distancia con el material original mediante el uso de una ironía constante que, por momentos, choca con su propio apartado visual. Aunque la dirección no se avergüenza de los trajes ni de la mitología de Eternia, el guion muestra un innecesario pudor argumental hacia las situaciones clásicas de la saga. Esto se evidencia al guiar la atención del espectador hacia lo supuestamente ridículo de los apodos o la existencia misma de la “espada de poder”. Si bien la producción triunfa de manera contundente en las secuencias de acción, los intentos por generar comedia no logran acertar y terminan decayendo.
CGI masivo y batallas de escala ultra-épica
El punto más fuerte de la cinta se encuentra en la espectacularidad de sus combates, una experiencia que busca ir más allá de la simple nostalgia de ver los dibujos animados durante el desayuno. La producción destinó una parte sustancial de su presupuesto a la edificación de escenas de acción épicas e imaginativas, las cuales destacan por aglomerar a decenas de personajes dentro de un mismo plano utilizando sus habilidades de forma simultánea.
A pesar de tratarse de un festival de efectos digitales (CGI) ultraprocesados, que de manera obvia arrastra carencias técnicas y acabados a medio gas, el resultado final es lo suficientemente entretenido, brutal y simpático como para que el público pase por alto las fallas de manufactura. En sus pasajes menos inspirados, la obra se mantiene como un entretenimiento inofensivo; en los mejores, consolida una ultra-épica juvenil sin mayores ínfulas.
Jared Leto se consolida como Skeletor
Un gran acierto de la propuesta es que el disfrute no se encuentra condicionado a poseer un conocimiento previo del lore de la saga, lo que facilita que las nuevas generaciones descubran Eternia por primera vez. Aunque la trama obliga a pagar el peaje de constantes cameos informativos, evita saturar la narrativa para los espectadores casuales al concentrarse en una premisa accesible: la historia prototípica de un héroe desplazado de su línea temporal que debe regresar para guiar a su pueblo y combatir al mal definitivo.
Esta amenaza principal se encuentra encarnada por un divertido Skeletor, interpretado por Jared Leto, a quien el personaje le calza de manera precisa. La actuación del histrión se convierte en una de las sorpresas más gratas del filme al abrazar el tono caricaturesco y desparpajado del icónico villano.
Inconsistencia tonal: ¿A qué público se dirige?
El principal problema que arrastra el proyecto es su inconsistencia en el tono. Durante la mayor parte del metraje la propuesta adopta un corte adolescente e incluso infantil; no obstante, se introducen de manera recurrente chistes de índole sexual repletos de dobles sentidos que terminan sintiéndose fuera de lugar. Este contraste hace pensar que la dirección no definió con claridad a su público objetivo: si buscaba apelar a los adultos nostálgicos, a los jóvenes atraídos por una nueva franquicia de acción o a los niños que solo buscan peleas fantásticas.
Este balance irregular merma el resultado de la película, que concluye su recorrido siendo consistentemente entretenida, pero sin alcanzar la etiqueta de obra fantástica. Al final del día, la producción entiende su naturaleza de película de verano diseñada para disfrutarse con el aire acondicionado al tope y palomitas de maíz. Su ambición real es sentar las bases de una franquicia de largo alcance, algo que sus inevitables escenas post-créditos dejan perfectamente atado, recordando que el público de salas de cine sigue teniendo el poder.






