En un escenario de alta diplomacia que combinó gestos de cortesía personal con tajantes advertencias de seguridad, los presidentes de Estados Unidos y China, Donald Trump y Xi Jinping, concluyeron una crucial cumbre de tres días en Beijing. A pesar de calificar el encuentro como un “hito” para estabilizar las relaciones bilaterales, las profundas diferencias en torno a la isla de Taiwán y la crisis en Irán mantienen a las dos mayores potencias del mundo en un delicado equilibrio.
El encuentro final se llevó a cabo en Zhongnanhai, la residencia oficial del mandatario chino, un complejo rodeado de lagos artificiales reservado tradicionalmente para la intimidad del poder. Ahí, en un recorrido por jardines históricos, Xi Jinping advirtió formalmente a Trump que una mala gestión en el tema de la isla autogobernada de Taiwán podría colocar a ambas naciones en una ruta directa hacia “choques e incluso conflictos”.
El dilema de las armas a Taiwán y los semiconductores
A bordo del Air Force One, durante su vuelo de regreso a Washington, Trump declaró a los reporteros que aún no ha tomado una determinación definitiva sobre si la millonaria venta de armas estadounidenses a Taiwán seguirá adelante. “Tomaré una determinación”, añadió el mandatario republicano.
La Casa Blanca anunció previamente un histórico paquete de armas por 11 mil millones de dólares para la democracia insular, pero el armamento aún no ha comenzado a entregarse. Beijing considera que el respaldo a Taipéi es la línea roja en su relación con Washington, mientras que Trump ha presionado a la isla para que aumente su gasto de defensa, quejándose incluso de que Taiwán “robó” el negocio de los semiconductores a Estados Unidos.
Por su parte, el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, quien formó parte de la delegación de asesores de alto nivel, aseguró a los medios que la política hacia la isla “no ha cambiado” y advirtió que sería un “terrible error” si China intenta tomar el territorio por la fuerza.
La crisis de Irán y el estrecho de Ormuz
Otro de los puntos críticos de la agenda fue la parálisis energética global provocada por la guerra con Irán. Ambos líderes coincidieron de manera unánime en que el estrecho de Ormuz, por donde transitaba aproximadamente el 20% del petróleo mundial antes del estallido del conflicto el pasado 28 de febrero, debe ser reabierto a la brevedad.
A pesar de que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha sancionado recientemente a refinerías chinas por la compra de crudo a Teherán, Trump afirmó que Xi se ofreció a mediar en el conflicto. China cuenta con una influencia comercial única sobre el gobierno iraní, y aunque Beijing ha criticado los bombardeos de Estados Unidos e Israel en la región, la presión económica de una posible recesión global empuja a ambas potencias a buscar un acuerdo que impida que Irán desarrolle un arma nuclear.
Fentanilo y los “fantásticos acuerdos comerciales”
Además de la agenda geopolítica, la Casa Blanca puso sobre la mesa la exigencia de que Beijing frene de manera contundente el flujo de precursores químicos hacia México, los cuales son utilizados por los cárteles para la fabricación del fentanilo ilícito que golpea a las comunidades estadounidenses.
En el plano económico, Trump aseguró que se concretaron “fantásticos acuerdos comerciales” pendientes de especificar, entre los que destaca un compromiso preliminar de Beijing para adquirir 200 aviones Boeing, así como la apertura del mercado financiero para firmas de tarjetas de crédito estadounidenses como Mastercard y Visa





