Un operativo masivo de instituciones federales intenta frenar el avance de la contaminación en el Golfo de México, luego de un derrame que ya afecta más de 630 kilómetros de litoral. Hasta el momento, el grupo interinstitucional reporta la recolección de 700 toneladas de hidrocarburo en las costas de Veracruz, Tamaulipas y Campeche.
A pesar de que el fenómeno fue reportado por pescadores hace 27 días, las autoridades federales reconocieron que las investigaciones para determinar el origen exacto del vertido continúan, aunque señalan de forma preliminar a un buque no identificado y a “emanaciones naturales”.
Limpieza intensiva en playas y ecosistemas sensibles
Bajo el Plan Nacional de Contingencias, brigadas han intervenido 39 playas y zonas de alto valor ecológico como manglares y esteros. Según el reporte conjunto de la Secretaría de Marina (Semar), la Semarnat y Pemex, en las últimas 48 horas se logró el saneamiento de 257 kilómetros adicionales de costa.
El despliegue técnico para mitigar el desastre incluye:
- 3,000 elementos de diversas dependencias.
- 46 buques y embarcaciones especializadas.
- Drones submarinos y aéreos para inspección.
- Más de mil metros de barreras de contención.
Investigación en la Sonda de Campeche
El foco de la contingencia se mantiene en el complejo Cantarell, donde unidades especializadas realizan trabajos de inspección submarina. El objetivo es determinar si el combustible proviene de fallas en la infraestructura petrolera o de las denominadas “chapopoteras” (emanaciones naturales de crudo).
En altamar, se han retirado 40 toneladas adicionales de contaminante, una medida crítica para evitar que el hidrocarburo impacte más zonas de tierra firme y afecte la actividad pesquera y turística de la región.
Estatus actual: “Control de la contaminación”
A pesar de la magnitud del derrame, el grupo integrado también por la Secretaría de Energía y la Profepa aseguró que se mantiene el control de la situación. No obstante, el monitoreo sigue siendo permanente en los estados afectados debido a la inestabilidad de las corrientes marinas que podrían desplazar restos de crudo hacia nuevas zonas.






