México desperdicia anualmente entre el 37% y el 40% de su producción total de alimentos, lo que equivale a más de 30 millones de toneladas de comida que terminan en vertederos. Esta cifra contrasta con una realidad dolorosa: la tercera parte de la población nacional padece de inseguridad alimentaria.
Así lo advirtió la Red de Bancos de Alimentos de México (BAMX) durante su participación en el podcast “Pulso del Campo”, conducido por el periodista Héctor Jiménez Landín. En este espacio, Alondra Ponce, coordinadora nacional de campañas especiales de la organización, advirtió que el volumen de comida desechada es tan alto que equivale a que cada mexicano tirara 300 kilos de comida al año.
Causas del desperdicio en la cadena de valor
El problema no se limita al consumo final; se origina desde el origen. Durante su participación en el programa Pulso del Campo, la Red BAMX identificó los eslabones donde se pierde la mayor cantidad de recursos:
- Sobreproducción agrícola: Excedentes que no encuentran mercado inmediato.
- Logística deficiente: Fallas críticas en los sistemas de almacenamiento y transporte refrigerado.
- Estándares estéticos: Productos que son rechazados por supermercados simplemente por su apariencia, a pesar de mantener sus propiedades nutricionales.
- Trabas burocráticas: Dificultades en los procesos de exportación que obligan al desecho de cargamentos.
Impacto ambiental: Más allá del hambre
El desperdicio de alimentos no solo es una crisis ética; es un desastre ecológico. El desecho de estos productos implica la pérdida de miles de millones de litros de agua y energía utilizados en su producción. Además, la descomposición de estos residuos en los basureros es una de las fuentes principales de emisiones de gases de efecto invernadero, acelerando el cambio climático en territorio nacional.
El objetivo para 2030: Rescatar a México
Actualmente, la Red BAMX opera 58 bancos de alimentos en todo el territorio, rescatando comida que aún es apta para el consumo humano. Hoy benefician a 2.4 millones de personas, pero la meta es ambiciosa: llegar a 8 millones de beneficiarios para el año 2030.
Para alcanzar esta cifra, la Red hace un llamado a la industria agroalimentaria y a los consumidores a adoptar modelos de economía circular y sistemas de redistribución más eficientes que prioricen la alimentación humana sobre el desecho.






