Una serie de movilizaciones lideradas por jóvenes se ha extendido en diversas regiones del mundo, desde los Andes hasta el Himalaya, marcando una nueva fase de protestas ciudadanas sin líderes visibles pero con objetivos comunes.
La Generación Z, que agrupa a personas nacidas entre 1996 y 2010, ha sido el motor principal detrás de estas manifestaciones en países como Madagascar, Nepal, Filipinas, Indonesia, Kenia, Perú y Marruecos. Las causas inmediatas varían entre contextos, pero comparten un descontento hacia la corrupción, la desigualdad, la crisis económica y el deterioro de los servicios públicos.
En Madagascar, las protestas por cortes de agua y electricidad escalaron hasta provocar la salida del presidente Andry Rajoelina, tras un levantamiento militar. En Perú, las marchas contra una ley de pensiones derivaron en cuestionamientos al gobierno interino de José Jerí. En Nepal, un movimiento juvenil culminó con la renuncia del primer ministro en septiembre.
En cada país, los participantes citan influencias de otras luchas similares, lo que refleja una creciente conexión global a través de redes sociales y canales digitales. Una característica distintiva de estas protestas ha sido la adopción de símbolos culturales compartidos, como la bandera pirata del anime japonés One Piece, vista en múltiples movilizaciones como señal de oposición a la corrupción.
El uso de plataformas digitales ha sido fundamental en la expansión y coordinación de estas protestas. Redes como TikTok, X, Instagram y Discord han permitido convocar manifestaciones, visibilizar abusos y compartir contenidos que evidencian la disparidad económica y la vida de los líderes políticos.
Especialistas afirman que, aunque estas protestas tienen raíces locales, la infraestructura digital ha permitido que las ideas y estrategias se repliquen globalmente. En Nepal, incluso tras la restricción de redes sociales, los jóvenes usaron herramientas como VPN para mantenerse conectados. Según activistas, estos movimientos han comenzado a influir en otras generaciones, posicionando al espacio digital como un componente central en las protestas actuales.





