En una de las mayores escaladas militares en años entre India y Pakistán, el gobierno indio lanzó la madrugada del miércoles una serie de ataques con misiles contra territorio paquistaní, como represalia por la matanza de 26 turistas hindúes en abril en la Cachemira administrada por India. La ofensiva ha provocado más de 30 muertos, entre ellos mujeres y niños, y ha despertado alertas globales ante el riesgo de una guerra abierta entre dos potencias nucleares históricamente enfrentadas.
El Ministerio de Defensa de India aseguró que los misiles impactaron “objetivos terroristas identificados”, mientras que el Ejército paquistaní denunció que se trató de ataques indiscriminados contra civiles, incluyendo templos religiosos, y advirtió que responderá “con toda contundencia”.
Pakistán habla de “acto de guerra” y amenaza con represalias
El primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, condenó los bombardeos y calificó la operación india como “un acto de guerra”, anunciando que su país se reserva el derecho de responder “en el momento, lugar y forma” que considere.
El gobierno pakistaní afirmó que fueron derribados al menos cinco cazas indios. Aunque Nueva Delhi no ha confirmado esa versión, medios locales informaron sobre la caída de tres aeronaves en su propio territorio, lo que sugiere una confrontación aérea directa.
Los enfrentamientos no se limitaron a los misiles: hubo un fuerte intercambio de fuego de artillería a lo largo de la Línea de Control que divide la disputada región de Cachemira, provocando al menos siete muertes civiles en la zona india y más heridos en ambos lados.
Objetivos, víctimas y escenas de pánico
Según autoridades paquistaníes, los misiles indios impactaron al menos seis puntos en Cachemira y la provincia de Punjab. Uno de los blancos fue la mezquita de Subhan, donde murieron 13 personas. Otro misil golpeó una mezquita cercana a un antiguo centro del grupo extremista Lashkar-e-Taiba, ilegalizado en 2013.
India asegura que su operación, bautizada como “Sindoor”, fue “precisa, medida y no escalatoria”, dirigida solo contra presuntos centros terroristas, y que evitó atacar instalaciones militares paquistaníes. El nombre de la misión, una referencia al polvo rojo que llevan las mujeres hindúes casadas, fue elegido como símbolo de las víctimas del ataque de abril, muchas de las cuales fueron asesinadas frente a sus esposas.
En ciudades como Muzaffarabad, la población corrió a refugiarse al escuchar las explosiones. “Temíamos que el próximo misil cayera sobre nuestra casa”, dijo a la prensa local Mohammad Ashraf, un residente.
El mundo mira con preocupación
La comunidad internacional ha reaccionado con alarma. El secretario general de la ONU, António Guterres, instó a la “máxima moderación”, mientras que China —principal socio económico de Pakistán y rival de India— pidió evitar una confrontación directa.
Expertos advierten que la situación podría salirse de control. “Ambos países tienen armas nucleares, pero también voluntad de usar fuerza convencional significativa. El riesgo de escalada es real y creciente”, dijo Michael Kugelman, analista del sur de Asia.
El fantasma de Cachemira y el riesgo nuclear
India y Pakistán han librado tres guerras desde su independencia en 1947, dos de ellas por la región de Cachemira. Aunque ambas naciones la reclaman por completo, el territorio está dividido y controlado parcialmente por cada una.
Tras la masacre de abril, las relaciones se deterioraron rápidamente: se expulsaron diplomáticos, se cerraron fronteras, se suspendieron tratados y ahora, con los ataques del miércoles, la tensión ha alcanzado un punto crítico.
Narendra Modi, primer ministro de India, canceló una gira internacional prevista para esta semana, y varios estados indios realizaron simulacros de defensa civil, en un gesto poco habitual que refleja el nerviosismo del momento.





