El gobierno de Estados Unidos informó que implementará un arancel de casi 21% a las importaciones de tomates frescos provenientes de México a partir del 14 de julio.
Actualmente, México abastece aproximadamente el 70% del mercado de tomates frescos en territorio estadounidense. De acuerdo con el Departamento de Comercio, esta medida responde a la presión de productores estadounidenses, principalmente de Florida y California, quienes buscan fortalecer la industria local ante la competencia extranjera.
El Florida Tomato Exchange indicó que los costos de producción en México son entre 40% y 50% más bajos que en Estados Unidos debido al precio reducido de la tierra, la mano de obra y otros insumos agrícolas.
Productores en Florida han acusado a los exportadores mexicanos de vender tomates por debajo del valor de mercado, práctica conocida como dumping. El Departamento de Comercio decidió retirarse del acuerdo de suspensión vigente desde 1996, el cual permitía a México exportar tomates sin aranceles bajo ciertas condiciones, como el respeto a un precio mínimo.
Empresas como NatureSweet, que cultivan tomates tanto en México como en Estados Unidos, advirtieron que enfrentarán costos adicionales significativos si se aplica el arancel. Restauranteros también han expresado preocupación, ya que se verían obligados a absorber o trasladar el incremento de precios a los consumidores.
En respuesta, el gobierno mexicano, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, mencionó la posibilidad de imponer aranceles de represalia sobre productos cárnicos estadounidenses como piernas de pollo y cerdo. La medida genera incertidumbre en diversos sectores comerciales, que advierten sobre el impacto en costos y disponibilidad de insumos agrícolas.






