La reciente publicación de los resultados de la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024 nos ofrece un panorama financiero en México. Elaborada por el INEGI en colaboración con la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, esta encuesta no solo pinta un cuadro de progreso significativo, sino que también señala áreas donde aún queda mucho por hacer.
La noticia más destacada es, sin duda, que 8 de cada 10 mexicanos mayores de 15 años ya cuentan con algún producto financiero. Esto representa un avance considerable, un salto de 8.7 puntos porcentuales desde 2021 y un reflejo de los esfuerzos por integrar a más ciudadanos al sistema formal. Este crecimiento demuestra que las políticas implementadas y la mayor oferta de servicios están dando frutos.
Sin embargo, al observar con lupa los datos, encontramos matices importantes. Si bien la tendencia general es positiva, la brecha de género persiste, con un 80.9% de hombres con algún producto financiero frente a un 72.8% de mujeres. Asimismo, las disparidades regionales son evidentes, con un crecimiento más pronunciado en el centro sur y oriente del país. Y no podemos ignorar que grupos como los hablantes de lenguas indígenas aún enfrentan mayores obstáculos para acceder a estos servicios.
Un factor clave en este avance es la creciente adopción de la tecnología. El porcentaje de personas con cuentas contratadas por internet o aplicaciones no bancarias aumentó significativamente, lo que indica una transformación en la forma en que los mexicanos interactúan con el sistema financiero. Este auge de los canales digitales también se refleja en el mayor uso de aplicaciones móviles para consultar y gestionar cuentas de ahorro, desplazando parcialmente a los canales tradicionales como sucursales y cajeros automáticos.
Es interesante notar cómo evolucionan las preferencias en cuanto a los productos financieros específicos. La tenencia de cuentas de ahorro formales experimentó un incremento notable, al igual que el acceso a créditos formales. No obstante, la contratación de seguros muestra una ligera disminución, un dato que merece atención para entender las razones detrás de esta tendencia.
En cuanto a los medios de pago, el efectivo sigue siendo protagonista, pero su uso está cediendo terreno a las tarjetas y las transferencias electrónicas. El aumento en el uso de transferencias electrónicas a través del celular para compras mayores a 500 pesos subraya la creciente confianza en las herramientas digitales para transacciones de mayor valor.
Finalmente, la encuesta revela aspectos importantes sobre las actitudes financieras de la población. El incremento en la proporción de personas que consideran los apoyos del gobierno como un medio para cubrir sus gastos en la vejez plantea interrogantes sobre la planeación a largo plazo y la sostenibilidad de estos esquemas. Por otro lado, el hecho de que una proporción considerable de la población lleve un registro de sus gastos es una señal positiva de una mayor conciencia sobre la administración del dinero.
En conclusión, la ENIF 2024 nos muestra un México que avanza con paso firme hacia una mayor inclusión financiera, impulsado en gran medida por la tecnología. Sin embargo, este progreso no es uniforme. Es crucial redoblar esfuerzos para cerrar las brechas existentes por género, región y condición socioeconómica. Fomentar la educación financiera y adaptar los productos y servicios a las necesidades de todos los segmentos de la población son pasos fundamentales para consolidar un sistema financiero verdaderamente inclusivo y que contribuya al bienestar general. La radiografía de la ENIF es clara: hemos avanzado, pero el camino hacia la inclusión total aún requiere atención y acción continua.



