Cada enero, una calle en el centro de la Ciudad de México se llena de personas que buscan restaurar sus figuras del Niño Dios en preparación para el Día de la Candelaria, celebrado el 2 de febrero.
A pesar de que la restauración suele costar lo mismo o más que comprar una figura nueva, muchos prefieren repararlas debido al valor sentimental que tienen en sus familias.
Los daños comunes en las figuras incluyen manos, piernas, cabezas o dedos rotos.
Artesanos como María Sánchez, quien lleva más de 40 años en este oficio, ayudan a las familias a devolverles el brillo original. Los pedidos comienzan a llegar desde principios de enero y los artesanos trabajan intensamente hasta el día de la celebración.
Durante la festividad, los fieles visten y presentan al Niño Dios en la iglesia para su bendición. Esta tradición, además de ser un acto religioso, es un reflejo de la importancia emocional que las figuras representan para muchas familias mexicanas.






