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En otro intento por justificar lo injustificable, como la omisión de tres millones de pesos de ingresos en su declaración patrimonial, el Presidente dio explicaciones contradictorias, puesto que dijo que ese dinero lo recibió su esposa y ella lo declaró y al tiempo, aseguró que en su declaración personal sí aparece esa ganancia.
Durante una de sus mañaneras, López mostró en diapositivas su supuesta declaración patrimonial en donde en el rubro “otros ingresos”, se asientan 1 millón 716 mil 391 pesos, que aseguró: “Son las regalías de mi último libro”.
Sin embargo, minutos antes ya había asegurado que “en efecto” fueron “tres millones”, mismos que recibió su esposa Beatriz Gutiérrez, cuyos ingresos aparecen en la propia declaración como su cónyuge.
“La declaración patrimonial. Ingreso anual neto de la pareja y dependientes económicos de ingresos es esto: 3 millones 348 mil. Pero a lo que voy, es que ¿ya es libre de impuestos? Libre, sí es que ese libro se vendió mucho, todavía está en librerías”, y se contradijo de inmediato: “Del libro anterior, que comenté que había obtenido tres millones de pesos, en efecto, pero sí se manifestó, nada más que ese dinero, como otro, mi sueldo, lo administra Beatriz”.
Y agregó, quien debería administrar el presupuesto de todos los mexicanos, que “yo no tengo, o sea, no uso pues ella me administra, me da lo que necesito”, mientras palmeaba infantiloide sus bolsillos como si estuvieran vacíos.
Lo anterior no es novedad si recordamos que Santiago Nieto desde la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) alardeó en su momento ante Proceso el descubrimiento de un expediente titulado “Los maléficos”, perteneciente a la administración federal anterior, donde se señalaba a la No Primera Dama y a su esposo por defraudación fiscal, delitos patrimoniales y hasta lavado de dinero.
De aquí se explica entonces—como en el caso de sus hijos, Andrés y José Manuel, a quienes se ha expuesto por tráfico de influencias y malversación de fondos públicos con el programa “Sembrando vidas”—el por qué de la insistencia, o el temor en este caso, del Presidente por destruir o inhabilitar el INAI, ya que dicha Institución le obligaría a transparentar ante la opinión pública todas sus corruptelas tanto como las componendas familiares y de grupo en que aparecerían en primer plano los “elefantes blancos” de su administración, tales como la refinería Dos Bocas y el Tren Maya.





