Houston, tenemos un problema

La semana pasada surgió un nuevo escándalo, otro más, que vuelve a tirar por la borda el cada vez más desgastado discurso de la austeridad republicana, que ha esgrimido el presidente.

En esta ocasión, la organización Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) reveló varias linduras de la hija de Alejandro Esquer, secretario particular (y uno de los más cercanos colaboradores) de Andrés Manuel López Obrador:

1. Sin ninguna experiencia en el sector petrolero, Carmelina Esquer ocupa desde mediados de 2019 la titularidad de Pemex Procurement International (PPI), filial de PEMEX para realizar compras en el extranjero. Se cumple con rigor la máxima presidencial de 90% de lealtad y el 10% de experiencia.

2. Gana el doble que el presidente.

3. Mantiene en secreto los contratos de la filial de Pemex en Houston, incluidos los de la polémica Baker Hughes y de Vitol, ambas acusadas de conflicto de intereses y corrupción. La opacidad es el sello de la casa 4T.

4. Que se compró una casa valorada en 400 mil dólares ¡a 15 minutos de donde vive el junior del presidente, José Ramón López Beltrán. Al menos ella tiene un contrato, no como el hijo mayor del mandatario al que le tuvieron que inventar una historia inverosímil para justificar su ritmo de vida.

5. Por cierto, también la ex esposa de Esquer y madre de Carmelina obtuvo un hueso en Pemex como Gerente de Capacitación y Desempeño, con un salario mensual neto de 107 mil 548 pesos. ¡Contra la burguesía… hasta alcanzarla!

¿Qué dijo el presidente ante el reportaje? “Ahora sale lo de una hija de Alejandro Esquer, que es una gente de primera, es mi secretario particular. Su hija estudió y tiene un trabajo en Houston y compró una casa, departamento, pero modesto”.

Eso de vivir en Palacio Nacional, le ha nublado la perspectiva al mandatario. Seguramente comparado con Palacio, la casa de más de 800 metros cuadrados, cuatro habitaciones, tres baños y medio, cocina abierta, estancia, cuarto de juegos y patio trasero, es de lo más humilde.

Sin embargo, aunque quiera desmarcarse, minimizar el hecho, voltear hacia otro lado, López Obrador la realidad lo está alcanzando y su discurso de austeridad se le cae a pedazos a la menor provocación.

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