Una colina desolada y decolorada por efecto de un sol abrasador que quemó el pasto es la imagen que hoy exhibe el Cerro de la Estrella, de la populosa comunidad de Iztapalapa.
Esta comunidad no escapó a los estragos del coronavirus y por segundo año consecutivo debe soportar las limitaciones a su centenaria tradición del viacrucis, que en el pasado era fuente de ingresos y empleo por los miles de visitantes que atraía.
Desde la cima de la loma, Juan Carlos Martínez, un habitante de Iztapalapa, confesó que le causaba una mezcla de tristeza y coraje la decisión de las autoridades. Esto respecto a realizar la representación del viacrucis dentro de la catedral y no en las calles de la comunidad, como se había realizado por 176 años.
“Algo importante para nosotros nos lo quitan”, afirmó Martínez, de 18 años, al hablar del impacto que han representado para su comunidad las restricciones a la multitudinaria representación callejera.
La representación era una fuente de alivio económico para la popular comunidad. de 1,8 millones de habitantes, que no escapa al rigor de la crisis por la pandemia.
Con información de AP






