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En Buenos Aires, una masiva manifestación de desempleados representa un desafío significativo para el recién asumido presidente Javier Milei. Este ultraliberal, conocido por sus promesas electorales de poner fin a las protestas que obstruyen el tráfico, enfrenta su primera gran prueba política.
Las agrupaciones sociales se congregaron en el centro de la ciudad, exigiendo incrementos en los subsidios para combatir la pobreza y expresando su rechazo a las recientes medidas de ajuste económico implementadas por Milei. El presidente asumió su cargo el 10 de diciembre, en medio de una profunda crisis económica.
Durante la manifestación, que se dirigió hacia la icónica Plaza de Mayo, frente a la Casa de Gobierno, se vivieron momentos de tensión. Las fuerzas de seguridad intentaron evitar el avance de la marcha para mantener el flujo vehicular. Eduardo Belliboni, líder del grupo de izquierda Polo Obrero, destacó la naturaleza pacífica de la protesta y su intención de evitar enfrentamientos.
El gobierno, en un esfuerzo por disuadir a los manifestantes, advirtió que aquellos que bloquearan las calles durante la protesta perderían su acceso a los subsidios de pobreza. Además, el miércoles se desplegó un extenso operativo de seguridad en la ciudad.
Bajo el lema “El que corta, no cobra“, el gobierno difundió mensajes por altavoces en las estaciones de trenes, lugares de convergencia para muchos participantes de la protesta.
Milei, la semana pasada, anunció recortes en el gasto público y una devaluación del 54% del peso argentino, medidas que podrían intensificar la ya elevada inflación, cercana al 200% anual, en un país donde el 40% de la población vive en la pobreza.






