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Durante años, los habitantes de Alepo soportaron los bombardeos cuando su ciudad fue una de las zonas de combate más encarnizadas de la guerra civil. Sin embargo, ni siquiera los horrores de la guerra los prepararon para la devastación y el terror que trajo el terremoto de esta semana.
La catástrofe natural se sumó a muchas otras de origen humano, multiplicando el sufrimiento tanto en Alepo como en Siria en general.
Los combates en Alepo se detuvieron en gran medida en 2016, pero sólo se reconstruyó una pequeña cantidad de los numerosos inmuebles dañados y destruidos. Además, la población ha luchado más recientemente con la crisis económica de Siria, que ha disparado los precios de los alimentos y sumido a sus residentes en la pobreza.
El sismo de 7,8 grados de magnitud ocurrido antes del amanecer del lunes, cuyo foco se ubicó a unos 112 kilómetros de distancia en Turquía, despertó a los habitantes de Alepo y los hizo salir corriendo a la calle mientras caía una lluvia invernal gélida.
Se derrumbaron decenas de construcciones en toda la ciudad. Más de 360 personas murieron en la urbe y cientos más resultaron heridas. Los trabajadores seguían excavando tres días después entre los escombros, en busca de sobrevivientes y muertos.
Incluso aquellos residentes cuyos inmuebles se mantuvieron en pie tenían miedo de regresar a ellos. Muchos se han refugiado en las escuelas. Para muchos, el terremoto fue un nuevo tipo de terror, un nuevo shock después de lo que sufrieron durante la guerra.
Alepo fue una vez el motor industrial de Siria, afirma Armenak Tokmajyan, miembro no residente del centro de estudios Carnegie Middle East y quien es originario de la ciudad. Ahora, agrega, está marginado económicamente, carece de infraestructura básica de gas y electricidad, y su población, que esperaba mejorías después de que terminaron los combates, sólo vio las cosas empeorar.
Con información de AP






