En México y al norte del Río Bravo, mucho se especula sobre cual será el rumbo que tomará el vecino país del norte con Joe Biden como presidente, luego de un proceso electoral tan fragmentado como escandaloso.
Sin embargo, quienes lo hacen generalmente parten de una premisa bastante primaria—a partir de lo que se supone que fue la presidencia de Donald Trump—sin tomar en cuenta lo que en su momento fue la presidencia de Obama, donde Biden fungió como vicepresidente.
Por tanto, vale la pena basarse en los datos que proporciona el Banco Mundial y el Departamento de Defensa respecto a lo que fue aquel periodo de 8 años de gobierno.
Aunque el lugar común sea el acusar a Trump de “racista” se omite que fue Obama el presidente que hizo más deportaciones en los últimos 34 años, con más 2800 millones, sin contar que fue quien se implementó las jaulas para indocumentados donde se separaron a los niños de sus padres.
Otro lugar común y no exento de gracia es acusar a Trump de ser un tipo peligroso cuando Obama, junto con Biden, fueron los máximos responsables de la destrucción en Medio Oriente financiando al Estado Islámico, la guerra civil en Siria, Libia y el golpe de Estado en Honduras, por lo que parece que la industria armamentista volverá a hacer grandes negocios con nuevas intervenciones en esta nueva administración.
En este mismo tenor basta recordar que Obama fue el primer presidente de la historia de los Estados Unidos que permaneció en guerra todos los días de su mandato, gastando 866.000 millones de dólares—logrando otro récord histórico—sin olvidar que involucró a su país en dos guerras pasando por encima del Congreso (a pesar de ser un requisito constitucional) sin recibir siquiera la mitad de la queja colectiva que los medios le dedicaron al saliente neoyorquino en 4 años.
Otro elemento preocupante se nos presenta cuando recordamos que Biden con Obama recibieron un país con deuda pública del 73.4% del PIB, y que se fueron dejando una deuda del 106.34% del PIB.
En cuanto a nuestro país en cambio el panorama se presenta sombrío dada la sumisión y vinculación directa de López con Trump como expresidente, lo cual ya implica un desencuentro de entrada y la imposibilidad de recuperar siquiera la industria automotriz que este entregó a los Estados Unidos con la firma del T-MEC.
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