En un departamento de Brooklyn, un grupo de jóvenes realiza un ritual que parece de otra época: depositan sus celulares en un colador metálico. Durante las próximas dos horas, el brillo de las pantallas queda prohibido. La consigna es simple pero radical: leer, dibujar y, sobre todo, conversar cara a cara.
Este no es un hecho aislado, sino parte de un incipiente movimiento de “activismo por la atención” que está ganando terreno entre millennials y la Generación Z. Hartos de lo que denominan “fracking humano” —la extracción constante de datos y atención por parte de las grandes tecnológicas—, miles de personas están decidiendo, literalmente, desconectarse.
El auge de los “teléfonos tontos”
La “revolución” tiene sus propios símbolos. Uno de ellos es el Light Phone, un dispositivo diseñado para ser usado lo menos posible. A diferencia de los smartphones convencionales, este teléfono carece de redes sociales, internet, correo electrónico o cualquier feed que genere ansiedad.
Dan Fox, organizador de reuniones desconectadas en Nueva York, asegura que la industria tecnológica se ha vuelto “explotadora”. Su epifanía ocurrió en un concierto: al ver que todos grababan en lugar de escuchar, comprendió que los teléfonos se interponen entre las personas y lo que aman.
Pie de foto sugerido: Los dispositivos minimalistas o “dumbphones” ganan popularidad como herramientas de resistencia ante la economía de la atención.
Un fenómeno que cruza fronteras
Lo que comenzó como reuniones locales en Estados Unidos se ha extendido rápidamente:
- En Holanda: El Offline Club organiza retiros en catedrales neogóticas para fomentar la introspección y el rompecabezas manual.
- En universidades: Estudiantes de Oberlin College prohibieron la tecnología en sus espacios comunes, redescubriendo el placer de los juegos de mesa y la música en CD.
- En Europa: Grupos en España, Francia e Italia se suman a la “liberación de la atención”.
¿Por qué importa proteger nuestra atención?
Para historiadores de la ciencia como D. Graham Burnett, la atención no es solo un recurso, sino “la plenitud de nuestra relación con el mundo”. El movimiento busca que las personas recalibren su cerebro, saturado por aplicaciones diseñadas para ser adictivas.
“No me siento bien con mi relación con mi teléfono. Siento que soy un adicto”, confesó Riley Soloner, un asistente a estas reuniones que ahora prefiere cargar una mochila llena de libros de papel.
Pie de foto sugerido: El “activismo por la atención” prioriza la conexión humana real sobre la interacción digital.
¿Cómo unirse a la desconexión?
Aunque Apple y otras firmas han implementado funciones de “tiempo de pantalla”, los activistas aseguran que no es suficiente. La clave, dicen, está en generar espacios físicos libres de dispositivos donde el aburrimiento permita, nuevamente, la creatividad y el diálogo.






