El papa León XIV presidió este 18 de febrero su primer Miércoles de Ceniza y, durante la homilía, se refirió a las estructuras de pecado en un “mundo que arde”, en el inicio del periodo de Cuaresma. En la basílica de Santa Sabina, en Roma, el pontífice señaló que este tiempo litúrgico invita a reflexionar sobre distintos ámbitos, entre ellos el político, económico y religioso, así como sobre el estado del derecho internacional.
Durante su mensaje, explicó que la ceniza impuesta en la frente de los fieles simboliza la fragilidad humana y permite tomar conciencia de conflictos armados, deterioro ambiental y tensiones entre pueblos. Al describir la situación global, mencionó ciudades afectadas por la guerra, afectaciones a ecosistemas y fracturas en la convivencia social. También señaló que el mal no procede de enemigos externos, sino que surge del interior de las personas, por lo que llamó a asumir responsabilidades individuales y colectivas. En ese contexto, indicó que el pecado, aun cuando es personal, también se manifiesta dentro de estructuras de pecado de carácter económico, cultural, político y religioso.
La jornada comenzó con la participación del pontífice en la procesión tradicional en la colina del Aventino, desde la iglesia de San Anselmo hasta la basílica de Santa Sabina. En ese templo presidió el rito de imposición de la ceniza e invitó a la Iglesia a fortalecer la comunidad y abrir espacios a los jóvenes. Señaló que resulta complejo reunir a las personas en un sentido de comunión y no desde posturas nacionalistas. Además, expresó que adultos, instituciones y empresas pocas veces reconocen errores. Tras la homilía, el cardenal Angelo De Donatis impuso la ceniza al papa, quien posteriormente realizó el mismo gesto con cardenales y clérigos presentes en la ceremonia.






