Un estudio publicado en la revista científica Nature Communications evaluó los posibles efectos de la minería submarina en aguas profundas sobre organismos que habitan entre los 200 y 1,500 metros de profundidad, en una zona del océano Pacífico conocida como la “zona crepuscular”.
Los investigadores analizaron agua y residuos generados por una prueba minera realizada en 2022 y concluyeron que las partículas liberadas al océano tras extraer nódulos polimetálicos podrían interferir con la alimentación del zooplancton, al confundirse con su alimento natural. Esta alteración impactaría a su vez al micronekton y, en consecuencia, a especies marinas de valor comercial como el atún o el mahi mahi.
El informe señala que una parte significativa del zooplancton podría ingerir partículas provenientes de los desechos mineros, lo cual afectaría su nutrición y, por extensión, a los organismos que dependen de ellos como fuente de alimento.
Los científicos explicaron que el exceso de sedimentos y agua devuelto al océano puede generar una pluma de residuos que altere el equilibrio natural de la cadena trófica marina. Aunque otras investigaciones se han enfocado en los efectos sobre el fondo marino, este estudio se centró en las capas medias del océano, donde habitan muchas especies clave para la red alimentaria.
En la actualidad, la minería en aguas profundas no se realiza a escala comercial, pero varios países consideran iniciar operaciones debido a la demanda de minerales utilizados en tecnologías como baterías para autos eléctricos.
La Autoridad Internacional de los Fondos Marinos ha otorgado contratos de exploración, mientras que en Estados Unidos, durante el gobierno de Donald Trump, se impulsaron acciones para acelerar el otorgamiento de permisos. Investigadores sugieren que aún se deben estudiar los impactos ambientales antes de establecer operaciones regulares, y proponen explorar alternativas como el reciclaje de metales y el aprovechamiento de residuos de la minería terrestre.






