A pocos pasos del tráfico caótico del sur de la Ciudad de México, donde los cláxones y la prisa son la norma, se esconde un rincón lleno de historia: Cuicuilco. Este sitio arqueológico, rodeado hoy por la modernidad, fue en su momento un centro ceremonial importante en Mesoamérica, donde se veneraba al dios del fuego.
“Con tanta urbanización, todavía hay un remanso de paz”, expresó Evangelina Báez, quien visitó Cuicuilco con sus hijas como parte de un tour del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), programa que lleva décadas acercando la arqueología a la gente.
Del pasado al presente: una ciudad olvidada que aún habla
Cuicuilco significa “lugar de cantos y danzas” en náhuatl, pero el nombre original de sus habitantes sigue siendo un misterio. Su auge ocurrió entre los años 400 y 200 antes de nuestra era, durante el periodo preclásico. Aunque la zona visible es solo una fracción, se calcula que su población alcanzó las 40 mil personas.
“Lo que vemos ahorita es un segmento muy reducido”, explicó el arqueólogo Pablo Martínez durante el recorrido. El sitio está dominado por un basamento troncocónico cubierto de pasto, utilizado para rituales, donde se presume que se hacían ofrendas de maíz, flores y semillas.
Tours del INAH: una experiencia con historia viva
Desde 1957, el INAH organiza paseos mensuales a sitios históricos. Cada guía —como la arqueóloga Denisse Gómez— propone una ruta, que al ser aprobada se ofrece al público por 260 pesos. Estos paseos permiten no solo conocer el pasado, sino también entender cómo funcionaban las sociedades prehispánicas.
“Me integré a estos paseos para dar a conocer nuestro legado vivo”, contó Gómez. “Nuestro contenido siempre está actualizado”.
Más allá de Cuicuilco: otras joyas ocultas
El programa del INAH va más allá de los grandes sitios como Teotihuacán o Chichén Itzá. También incluye experiencias culturales únicas, como una visita a los mercados de Ecatepec o el recorrido nocturno por los canales de Xochimilco. Para octubre, los recorridos se alinean con el Día de Muertos, con actividades especiales como la caminata al Templo Mayor y charlas sobre los rituales de sacrificio humano.
Una conexión con nuestras raíces
El historiador Jesús López del Río lo resume así: “Estos paseos permiten que el público general se pueda aproximar a estas sociedades que les son lejanas en tiempo y espacio”. No se trata solo de ver pirámides, sino de entender la cosmovisión, los valores y las formas de vida que aún resuenan en nuestras tradiciones.






