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El “boom del mercurio” en Sierra Gorda: una mina de oro tóxica que envenena a México

Un taladro vibra en las entrañas de la Sierra Gorda, donde Hugo Flores, minero, perfora la roca en busca de uno de los elementos más tóxicos del planeta: el mercurio.

En San Joaquín, Querétaro, este metal revive su fiebre. Los precios internacionales del oro han disparado la demanda del mercurio, utilizado en la minería ilegal de oro, y con ello, los ingresos de quienes lo extraen. Sin embargo, ese “boom” está dejando cicatrices profundas en la salud de los mineros, sus familias y en el frágil ecosistema de una de las reservas más biodiversas de México.

Mercurio: del suelo queretano al Amazonas

La minería artesanal de mercurio tiene siglos en México, pero ahora vive un nuevo auge. México es el segundo productor mundial, solo detrás de China, con cerca de 200 toneladas al año, según la ONU.

Aunque su exportación está prohibida, el mercurio mexicano viaja a través de rutas ilegales hasta llegar a Colombia, Bolivia y Perú, donde es clave para separar el oro en ríos amazónicos, contaminando vastas zonas naturales.

Los “coyotes del mercurio” compran barato a los mineros mexicanos para revender caro en Sudamérica. “Lo que hacemos no es un crimen, andamos trabajando nada más”, dice Carlos Martínez, líder de una de las minas.

Riesgo en cada aliento

Extraer mercurio no es sólo rudo, es tóxico. Desde que los mineros cocinan las rocas en hornos de ladrillo hasta que el vapor plateado se condensa en botellas de plástico, el veneno queda en el aire, en la piel y en los hogares.

Comen, duermen y respiran entre vapores contaminantes. Y aunque muchos niegan los efectos, las consecuencias ya son evidentes: temblores, pérdida auditiva, problemas neurológicos e incluso daños en el desarrollo infantil.

“Es un sitio envenenado, no contaminado”, afirma Fernando Díaz Barriga, investigador que ha documentado los niveles alarmantes de mercurio en agua, tierra, animales y personas.

La Sierra Gorda en peligro

El mercurio no solo enferma a la gente. Está amenazando la Reserva de la Biosfera Sierra Gorda, hogar del jaguar, el oso negro mexicano, la guacamaya verde y cientos de especies. Hoy, las minas están activas dentro y alrededor de esta zona protegida.

Las lluvias arrastran desechos al río y el suelo ya está saturado de químicos. Cada horno encendido en la montaña es una bomba de tiempo para el ecosistema.

Minar o migrar

En San Joaquín, donde casi la mitad de la población vive en pobreza, la elección es clara: migrar a EE.UU. o trabajar en la mina.

Hugo Flores lo intentó en el norte, pero volvió. “No lo recomendaría, al menos no para mis hijos”, dice. Aunque dos de ellos ya trabajan con él, como su abuelo lo hizo antes. Con el dinero ha logrado pagar escuela, comida y ropa, pero a un costo invisible: la salud.

El mercado negro avanza

Desde que México firmó en 2017 la Convención de Minamata para eliminar la minería de mercurio, la actividad cayó en una zona gris. La exportación está prohibida, pero la demanda se disparó. Lo que no se puede vender legalmente, se vende en el mercado negro.

Organismos internacionales advierten que esta presión, junto con el abandono gubernamental, podría abrir la puerta al crimen organizado. Ya hay reportes de la participación del Cártel Jalisco Nueva Generación en el tráfico del metal, aunque los mineros lo niegan.

“El gobierno dice que va a cerrar las minas. Y ahí es donde entra el narco”, sentencia Flores.

Con información de AP

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