La Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos está evaluando la posibilidad de usar fuerza letal contra las organizaciones criminales mexicanas, recientemente designadas como Organizaciones Terroristas Extranjeras (FTO, por sus siglas en inglés) por el Departamento de Estado norteamericano.
¿Qué significa esto para México?
La amenaza del gobierno estadounidense de usar fuerza letal contra los cárteles de la droga —empleando drones, fuerzas especiales, bombarderos y ahora a la CIA— al considerarlos una amenaza real para su seguridad nacional, ha estado latente desde la primera administración del presidente Donald Trump. Desde que asumió su segundo mandato, ha sido mucho más enfático en utilizar todos los medios y opciones para eliminar a los cárteles mexicanos, incluso dentro de nuestro territorio. Ante la inacción de las autoridades mexicanas, Trump amenaza con usar su enorme aparato militar contra estos grupos criminales.
Hay que ser muy claros: no existe forma de que las fuerzas armadas mexicanas puedan evitar una acción militar estadounidense contra civiles mexicanos en caso de ser ordenada por el presidente Trump. Independientemente de su ilegalidad, el Estado mexicano no tiene los medios para detectar e impedir un ataque aéreo o de sus fuerzas especiales en nuestro país. Para ser justos, ningún país de América tiene las capacidades para defenderse y detener un ataque sorpresa dirigido contra objetivos civiles si los estadounidenses así lo deciden.
Hasta ahora, los militares estadounidenses han logrado imponer su criterio sobre lo desastroso que sería una acción unilateral de esta naturaleza, y han mantenido la excelente relación que siempre ha existido entre ambos lados: mutuo respeto, mucha colaboración y diálogo constante todos los días. Los militares profesionales saben que se gana más colaborando que combatiendo.
Históricamente, la CIA ha tenido en México una de sus estaciones más grandes. Con la Guerra Fría y el avance del comunismo en Latinoamérica, la agencia convirtió a México en su centro de operaciones para recabar información sobre todo lo que sucedía en el continente. La estrecha relación que la CIA mantenía con el aparato de seguridad mexicano gracias a su operación LITEMPO fue considerada una de las más exitosas en ese entonces. Esta relación sigue vigente, pero con el aumento de la recopilación de información por medios electrónicos (SIGINT), ha perdido actualidad.
La CIA tiene un brazo armado bajo su Dirección de Operaciones: una unidad clandestina, clasificada y muy eficiente que cuenta con un ejército de contratistas altamente entrenados y equipados para realizar el trabajo encubierto que requiera su gobierno. También dispone de drones de ataque, satélites, helicópteros y aviones, así como acceso directo a la NSA, que se encarga de todas las escuchas e interferencias electrónicas para el aparato de seguridad e inteligencia estadounidense. Ellos se encargan de buscar estas opciones letales contra los cárteles mexicanos. Su responsabilidad consiste en planear una operación clandestina que le permita al gobierno norteamericano negar cualquier intervención de su parte y preservar la relación bilateral.
Por supuesto, un ataque de esta naturaleza sería duramente condenado y afectaría la estrecha relación que hemos mantenido con los Estados Unidos. Por otra parte, los grupos criminales latinoamericanos verían con temor esta acción; de Guatemala a Argentina voltearían al cielo todos los días buscando un dron que los vigile o lance un cohete contra ellos. ¡Si los americanos atacan a los grupos criminales más fuertes del continente en territorio mexicano!, ¿qué puede esperar un narcotraficante peruano o colombiano?
¿Llegarán a su fin los días de impunidad y control por parte de las grandes organizaciones criminales en América gracias a Donald Trump? Yo no lo creo.





