El papa Francisco introdujo cambios en los rituales funerarios de los pontífices, según la nueva edición del Ordo Exsequiarum Romani Pontificis, publicada el 20 de noviembre de 2024. Entre las modificaciones se encuentran la eliminación de los tradicionales tres ataúdes de ciprés, plomo y roble, y la exposición del cuerpo directamente en el féretro sin un catafalco. Además, se traslada el acto de constatación de la muerte a la capilla privada en lugar de la habitación.
También se estableció que los restos serán depositados inmediatamente en un ataúd de madera con interior de zinc, sin pasos intermedios, antes de ser llevados a la basílica. Otra novedad es la posibilidad de inhumar al pontífice en un lugar distinto a la Basílica de San Pedro, como lo expresó Francisco, quien desea ser sepultado en la Basílica de Santa María la Mayor. Durante las ceremonias se emplearán títulos más simples como “papa” y “obispo de Roma”.
La Cámara Apostólica, órgano que asistía al camarlengo en la gestión de la Sede Vacante, fue eliminada, aunque se mantiene la figura del camarlengo.






