Cuba vive su cuarto día tras el apagón masivo que afectó al país, generando una crisis de suministros y electricidad en varias regiones, incluida la capital, La Habana. En zonas como La Habana Vieja, cientos de personas han salido a las calles en busca de alimentos descongelados que se venden en pesos cubanos, mientras el sistema eléctrico intenta recuperarse. A pesar de los esfuerzos, la situación sigue siendo tensa, con cortes programados de seis horas diarias.
La falta de electricidad ha llevado a muchas familias a tomar medidas desesperadas para evitar que la comida se eche a perder. En varias provincias, el gobierno ha distribuido carbón subsidiado, mientras otros recurren a fogatas improvisadas para cocinar. La escasez de alimentos y el aumento de precios han agravado las dificultades, con la población comprando productos frescos solo para el día. Sin embargo, los problemas persisten, y la incertidumbre sobre la recuperación del sistema eléctrico es latente.
El apagón ha puesto de relieve las desigualdades en el acceso a alimentos, con tiendas privadas ofreciendo productos a precios elevados, inaccesibles para la mayoría de la población. Mientras tanto, las tiendas estatales y panaderías están saturadas de personas que intentan conseguir lo necesario para enfrentar la crisis, en medio de una situación económica y social cada vez más difícil.






