La tensión militar en Medio Oriente alcanzó un punto crítico. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) de Irán anunció que el estrecho de Ormuz queda cerrado a la navegación “hasta nuevo aviso”. La medida se tomó tras realizar disparos de advertencia contra el buque portacontenedores GFS Galaxy, con bandera de Chipre, el cual presuntamente habría ignorado las instrucciones de seguridad al apagar sus sistemas de navegación en la zona.
En respuesta inmediata a este bloqueo, el Mando Central de Estados Unidos (Centcom), bajo las órdenes del presidente Donald Trump, inició una tercera ronda de ataques aéreos. Al cierre de esta edición, el Centcom confirmó que este domingo bombardeó 140 objetivos estratégicos en territorio iraní. Los ataques destruyeron instalaciones de misiles y drones, capacidades navales, centros de almacenamiento de municiones, redes de comunicación y puestos de vigilancia costera.
La prensa israelí reportó fuertes explosiones en las localidades costeras de Asaluyeh, Deyr, Bushehr, Bandar Abbas y Sirik.
Escalada de amenazas y la sucesión del liderazgo iraní
El trasfondo de la crisis en el estrecho de Ormuz está marcado por una confrontación directa entre los jefes de Estado. El nuevo líder supremo de Irán, el ayatollah Mojtaba Jamenei, prometió vengar la muerte de su padre y antecesor, Ali Jamenei, asesinado previamente en un bombardeo conjunto de Estados Unidos e Israel.
El líder supremo emitió sus advertencias a través de un nuevo texto escrito. El clérigo no ha realizado apariciones públicas desde el ataque en el que también falleció su esposa; el gobierno iraní justifica su ausencia por estrictas razones de seguridad nacional. Por su parte, Donald Trump aseguró que el ayatollah resultó gravemente desfigurado en el ataque anterior, acusó a Teherán de planear un atentado en su contra y afirmó tener listos “mil misiles” para responder con bombardeos inéditos si el gobierno islámico atenta contra su vida.
La propuesta de Omán para liberar la vía marítima
Horas antes del cierre definitivo, las delegaciones diplomáticas de Omán e Irán sostuvieron una reunión en Mascate con la participación de una comitiva de Qatar. Durante el encuentro, Omán propuso una alternativa técnica para mantener el flujo comercial de crudo mediante la creación de dos corredores de navegación en el estrecho:
- Corredor Sur: Transitaría por aguas territoriales omaníes bajo las condiciones previas al conflicto bilateral.
- Corredor Norte: Cruzaría por aguas territoriales de Irán, exento de tarifas, pero bajo la estricta autorización de Teherán.
Ante el riesgo logístico de esta vía por la que circula el 20% del petróleo marítimo mundial, Washington avanza en la modernización de un antiguo oleoducto de 800 kilómetros. La tubería conectará la ciudad iraquí de Kirkuk con Baniyas, en la costa mediterránea de Siria, permitiendo a Bagdad exportar crudo sin pasar por Ormuz.
Teherán descarta negociar y reporta bajas
En el plano diplomático, el canciller iraní, Abbas Araghchi, descartó reanudar conversaciones con Washington tras el fin de las exenciones que permitían a Irán vender petróleo en dólares.
“Un baño de realidad: sólo puede haber acatamiento mutuo”, publicó el canciller Araghchi en su cuenta de X.
El gobierno de Irán advirtió que cualquier error de los aliados de Washington provocará respuestas severas contra nuevas bases de la región. Asimismo, el embajador iraní ante la ONU, Amir Saeid Iravani, acusó a EE.UU. de violar flagrantemente la Carta del organismo.
El balance humano de las hostilidades sigue en aumento. El vocero del ministerio de Salud iraní, Hossein Kermanpour, informó que los bombardeos de esta semana dejaron al menos 17 muertos y 115 heridos. Según los registros de Teherán, la guerra acumula 3 mil 375 víctimas mortales, incluyendo el ataque previo contra una escuela en Minab que cobró la vida de 160 niñas, así como las 935 bajas registradas en junio del año pasado tras las agresiones de las fuerzas israelíes y estadounidenses a centros nucleares.
Finalmente, el ministro de Defensa iraní en funciones, Majid Ibn al Reza, aseguró a la agencia Tasnim que la inversión tecnológica permitió triplicar la capacidad de producción de drones del país durante el punto álgido del conflicto, consolidando el poder de defensa de la nación islámica.





