El futuro de la reforma electoral, conocida como el Plan B, entró en una zona de incertidumbre. Tras una reunión de casi dos horas con la presidenta Claudia Sheinbaum, el coordinador de los diputados de Morena, Ricardo Monreal, reconoció que existe la posibilidad de que la iniciativa presidencial no sea aprobada ante la falta de consensos y la presión del calendario legislativo.
El encuentro, realizado en Palacio Nacional, tuvo como objetivo principal destrabar la agenda legislativa. Sin embargo, al salir, Monreal sostuvo que la mandataria “está muy consciente” de que en el ejercicio del gobierno existen pesos y contrapesos, admitiendo que el rechazo a la reforma es una de las hipótesis actuales.
El factor PT: La manzana de la discordia
El principal obstáculo para la llamada Cuarta Transformación proviene de sus propios aliados. El Partido del Trabajo (PT) ha manifestado públicamente su rechazo a aprobar la reforma si no se modifica la fecha de la Revocación de Mandato, la cual se plantea adelantar para el 2027 en la iniciativa original.
A la reunión con Sheinbaum también asistieron figuras clave del movimiento:
- Ignacio Mier, coordinador de los senadores de Morena.
- Rosa Icela Rodríguez, secretaria de Gobernación.
- Luisa María Alcalde, dirigente nacional de Morena.
Aunque Monreal expresó confianza en el liderazgo de Mier para negociar con el PT y el Partido Verde, la tensión es evidente ante la postura firme de los petistas de no ceder en el calendario del ejercicio democrático.
Mayo: El plazo fatal para la Reforma
El tiempo es el peor enemigo de Morena en este momento. Ricardo Monreal reconoció que los márgenes de maniobra se están acortando drásticamente debido a las restricciones legales.
De acuerdo con la Constitución, no se pueden realizar modificaciones a las reglas electorales fundamentales 90 días antes de que inicie el proceso electoral. Esto significa que cualquier reforma constitucional en la materia debe quedar formalmente lista a finales de mayo.
Si no se alcanza un acuerdo antes de que termine el periodo legislativo, el Plan B quedaría congelado, imposibilitando su aplicación para los próximos comicios. “¿Es posible que suceda eso?”, se le cuestionó al diputado. “Yo confío en que no”, respondió, aunque minutos antes había aceptado que el fracaso de la iniciativa es un escenario real sobre la mesa de la Presidenta.






