El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, utilizó el término G2 para referirse a su próxima reunión con el presidente de China, Xi Jinping, durante una publicación en Truth Social antes de la cumbre entre ambos mandatarios en Corea del Sur el 30 de octubre.
La frase, que hace referencia a un posible entendimiento bilateral entre las dos principales economías del mundo, había dejado de utilizarse oficialmente por Washington durante más de una década. El concepto fue propuesto originalmente en 2005 por el economista C. Fred Bergsten, quien planteó la necesidad de cooperación económica directa entre Estados Unidos y China sin suplantar organismos multilaterales como el G7 o el G20.
La mención del G2 por parte de Trump generó reacciones diversas. Desde Beijing, autoridades y analistas interpretaron la declaración como un reconocimiento del papel global de China frente a una estructura de poder más compartida.
Un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China señaló que ambos países pueden asumir responsabilidades conjuntas como potencias globales, mientras que académicos chinos destacaron que la expresión no implica una gobernanza mundial compartida, sino una mayor coordinación bilateral. Por su parte, en redes sociales chinas algunos comentaristas interpretaron la frase como un indicio de que Estados Unidos reconoce la pérdida de su liderazgo unipolar.
En contraste, exfuncionarios estadounidenses expresaron preocupaciones sobre el uso del término G2. Mira Rapp-Hooper, quien trabajó en el Consejo de Seguridad Nacional durante la presidencia de Joe Biden, afirmó que la frase podría generar inquietud entre aliados como Japón, India o Australia, al sugerir que Estados Unidos y China tomarían decisiones importantes sin consultar a otros socios.
Durante gobiernos anteriores, Washington evitó formalizar el concepto para no provocar fricciones con sus aliados estratégicos en Asia. A pesar de las críticas, Trump reiteró que el encuentro con Xi Jinping representará una oportunidad para avanzar en temas económicos globales, sin dejar claro si el uso del término marcará un cambio estructural en la política exterior de Estados Unidos.






