En una pequeña librería del centro comercial más grande del Caribe, personas de todas las edades hojeaban con atención un delgado diccionario titulado “El ABC de DtMF”. No se trataba de una guía literaria común, sino de una herramienta para entender mejor el nuevo álbum de Bad Bunny, DeBÍ TiRAR MáS FOToS, cuyas letras están llenas de referencias culturales, sociales y políticas sobre su natal Puerto Rico.
Este fenómeno editorial es solo una pequeña parte del impacto de Benito Antonio Martínez Ocasio, el artista que ha llevado la bandera puertorriqueña al escenario global y que ahora, con su música, está cuestionando el colonialismo, la gentrificación y la crisis social que afecta a la isla.
Un álbum que suena y resiste
El nuevo trabajo de Bad Bunny ha sido más que un éxito comercial: es un acto de resistencia. Desde su portada hasta sus letras, el álbum denuncia el desplazamiento de los boricuas, la especulación inmobiliaria y la indiferencia del gobierno federal estadounidense ante la situación de la isla.
“Quieren al barrio mío y que la abuelita se vaya”, canta en uno de los momentos más crudos del concierto que dio inicio a su gira en San Juan, ante una multitud de 18.000 personas.
Durante esa noche, la mitad del show se llevó a cabo sobre un escenario diseñado como una casa puertorriqueña tradicional, desde la cual el artista cuestionó el futuro de su tierra con frases como: “¿Será de gente buena? ¿Será de Airbnb?”. El mensaje no pasó desapercibido.
Más que un show, un llamado de atención
Los datos son contundentes: desde 2018, los precios de vivienda en Puerto Rico aumentaron casi un 60%, y los alquileres a corto plazo pasaron de mil a más de 25 mil en menos de una década. Esto ha desplazado a miles de familias locales, mientras que inversionistas extranjeros se benefician de leyes como la de 2012, que ofrece exenciones fiscales a estadounidenses continentales que se muden a la isla.
La canción “Qué pasó con Hawaii” refleja esta realidad con una línea demoledora:
“No quería irse pa’ Orlando, pero el corrupto lo echó.”
Para personas como Andrea Figueroa, joven atleta puertorriqueña, este tipo de mensajes ha sido revelador:
“Este álbum ha despertado una conversación mundial sobre nuestra situación como colonia.”
Cultura y conciencia desde el escenario
El efecto de esta propuesta artística ya se siente en todos los rincones de la isla. Según cifras oficiales, la gira de Bad Bunny podría atraer a más de 600 mil visitantes, generar más de 186 millones de dólares y crear más de 3.600 empleos. Todo esto, durante una temporada turística normalmente baja.
Pero el impacto va más allá de lo económico. Con referencias a la bomba y la plena, géneros tradicionales de Puerto Rico, el álbum ha revitalizado el interés por las raíces culturales de la isla. Bateristas como Jorge Gabriel López Olán reportan una ola de nuevos estudiantes en busca de clases. Las universidades Yale y Princeton incluso han lanzado cursos para estudiar su obra.
Y hasta la fauna local ha cobrado relevancia: el sapo crestado puertorriqueño, una especie en peligro, fue protagonista en un video del álbum. Desde entonces, grupos ambientalistas como Ciudadanos del Karso han recibido múltiples reportes de avistamientos de este animal.
“Son cosas que no habíamos visto antes”, comentó Abel Vale Nieves, líder ambientalista. “El álbum presentó la realidad de Puerto Rico al mundo… y lo hizo de una forma maravillosa.”
De La Perla al mundo: una lucha colectiva
En comunidades como La Perla, históricamente empobrecidas y ahora en el centro de la especulación inmobiliaria, el mensaje de Bad Bunny ha sido inspirador. Carmen Lourdes López Rivera, vicepresidenta de la junta comunitaria del sector, lo expresó sin rodeos:
“Siempre han dicho que nos quieren sacar de aquí. Vamos a luchar por lo que a nosotros nos pertenece.”
Una estrella, una voz colectiva
En lugar de distanciarse de su tierra, Bad Bunny ha optado por usar su influencia para amplificar las voces de los que rara vez son escuchados. Su mensaje no es solo artístico, es político. Habla desde la experiencia, la nostalgia, la resistencia.
Y lo que comenzó como un álbum se ha convertido en una ola de conciencia, identidad y orgullo que trasciende la música.
“Es una bella oportunidad para visibilizar lo que vivimos”, afirma Vale Nieves.
Puerto Rico, desde el escenario de un coliseo hasta las aulas de universidades en EE. UU., está siendo escuchado. Y en gran parte, es gracias al poder de una voz que canta —y también denuncia— desde el corazón de la isla.