Rodrigo Rivero Lake: el anticuario que conversa con la historia

¿Te imaginas recuperar un patio diseñado por Juan O’Gorman, rescatar un tótem milenario de Asia o encontrar en Nueva York documentos firmados por un virrey que ayudó a independizar a Estados Unidos? Para Rodrigo Rivero Lake, esas experiencias no solo son posibles, son parte de su rutina. Anticuario, escritor, coleccionista apasionado y experto en arte virreinal, Rodrigo ha hecho de su vida una conversación constante con los objetos y con el tiempo.

En una edición memorable del podcast Pieza Única, conducido por Kristina Velfu, Rivero comparte su visión del arte como vehículo cultural y espiritual. “Una pieza es un embudo del mundo”, dice con esa mezcla de sabiduría y humor que lo caracteriza.

Rodrigo no colecciona por moda o por negocio —aunque reconoce que “coleccionar es comprar más de lo que vendes”—. Su interés va más allá: ve en cada objeto una manifestación de las preguntas más profundas del ser humano. “¿Qué hago aquí?”, plantea, asegurando que esa inquietud atraviesa todas las culturas, desde la India hasta México, desde las vírgenes guadalupanas hasta los dioses hindúes como Ganesha.

Su fascinación por el arte sacro no es casual. Su padre, proveniente de una familia marcada por la Guerra Cristera, le transmitió desde pequeño el guadalupanismo. “La Virgen de Guadalupe es la única bandera que ha unido a México desde su aparición”, asegura Rodrigo con convicción, recordando sus visitas infantiles a la antigua Basílica, cuando el recinto todavía olía a “papalote” y no a McDonald’s.

De la porcelana china al patrimonio perdido

Su trayectoria como anticuario comenzó temprano: a los 19 años viajó a la India sin hablar inglés, buscando piezas de porcelana de la Compañía de Indias. Con el tiempo, se convirtió en uno de los principales expertos en arte oriental y virreinal en América Latina.

Rivero ha sido testigo del valor —y del olvido— que rodea a las obras de arte. Denuncia cómo las guerras internas de México destruyeron millones de piezas del virreinato, y lamenta que aún se piense que “nos vinieron a robar”, cuando gran parte de ese oro “sigue aquí, en nosotros”.

La historia que lo encontró: Bernardo de Gálvez

Uno de los hallazgos más sorprendentes en la carrera de Rodrigo fue su vínculo con Bernardo de Gálvez, el virrey español que ayudó a Estados Unidos en su independencia. Todo comenzó con un documento adquirido en una subasta, y terminó en una investigación que reveló la entrega de 120 toneladas de plata mexicana a los independentistas norteamericanos. “Él me buscó a mí”, dice Rivero. “Yo solo seguí las pistas”.

Este trabajo se materializó en un libro, y también en homenajes históricos que Rodrigo ayudó a promover, como ceremonias en Chapultepec y la iglesia de San Fernando.

Objetos con alma y energía

Para Rodrigo, los objetos tienen memoria, vibra y hasta energía. Cuenta anécdotas en las que piezas antiguas no lo dejaban dormir, cuadros que se caían solos y sensaciones tan intensas que lo obligaron a vender ciertas obras a museos para poder estar en paz. “Hay objetos con malas vibras, como hay personas. No puedes preguntarle a una pintura: ‘¿vienes con buena energía o vienes maldito?’”, dice entre risas, pero con absoluta seriedad.

Consejos para jóvenes coleccionistas

Para quienes deseen iniciar en el mundo del coleccionismo, Rodrigo lo tiene claro: “Todo empieza por la curiosidad”. Recomienda visitar museos, investigar la historia detrás de cada objeto y, sobre todo, dejarse llevar por esa chispa que enciende la pasión por el pasado. “Y si van a comprar, que me lo compren a mí”, bromea, como buen comerciante.

Su bodega en Naucalpan —un espacio a medio camino entre almacén, galería y templo de la historia— guarda desde puertas monumentales hasta piezas de arquitectura oriental. “Tengo una puerta de nueve metros. En serio, cabría perfecto en tu casa”, dice con una sonrisa.

Un legado vivo

Rodrigo Rivero Lake no es solo un anticuario: es un narrador del tiempo, un curador de símbolos, un traductor de la memoria material del mundo. Su legado no está solo en las piezas que rescata, sino en las historias que descubre y comparte.

Y si algo queda claro tras escucharlo es que en un país con tanta riqueza olvidada, necesitamos más personas como él: apasionadas, curiosas y profundamente comprometidas con darle voz al pasado.

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