El Universo Cinematográfico de Marvel (MCU) sigue perdiendo fuerza, y Captain America: Brave New World es la prueba más reciente de ello. La nueva entrega del Capitán América, protagonizada por Anthony Mackie, se siente como un intento vacío de mantener a flote una franquicia que hace tiempo dejó de sorprender.
Un thriller político sin alma
La historia, escrita por Rob Edwards, Malcolm Spellman y Dalan Musson, intenta mezclar un thriller de conspiración en la Casa Blanca con acción internacional en el océano Índico. Sin embargo, lo que debería ser una trama llena de intriga y tensión termina siendo predecible y poco emocionante. A pesar de la promesa de explorar temas como el rol de los superhéroes dentro del gobierno, la ejecución es superficial y carente de impacto.
Harrison Ford asume el papel del presidente Thaddeus “Thunderbolt” Ross tras la muerte de William Hurt. Desde el inicio, su personaje busca una alianza estratégica con el Capitán América, convenciendo a Sam Wilson de que juntos pueden liderar un “nuevo camino” para el mundo. Pero esta idea, que podría haber sido un conflicto moral interesante, se diluye en una narrativa genérica y poco inspirada.
Villanos reciclados y acción desaprovechada
La película introduce un trío de antagonistas encabezado por Giancarlo Esposito como Sidewinder, Tim Blake Nelson en su regreso como Samuel Sterns (ahora con una apariencia grotesca) y el temible Red Hulk. Sin embargo, sus motivaciones son tan exageradas como sus actuaciones, convirtiéndolos en personajes olvidables más que en amenazas reales.
Además, la película desperdicia el potencial de personajes secundarios como Isaiah Bradley, el soldado olvidado del programa del Súper Soldado, y Ruth Bat-Seraph, interpretada por Shira Haas en un papel que nunca termina de justificarse.
Acción sin impacto y diálogos planos
El director Julius Onah logra algunas secuencias de acción bien coreografiadas, pero falla en los momentos más íntimos. La edición es torpe, y los diálogos son una mezcla de frases militares genéricas (“Negativo, el paquete es la prioridad”) y mensajes grandilocuentes sin sustancia (“Si no podemos ver lo bueno en los demás, ya hemos perdido la lucha“).
Por si fuera poco, el producto está saturado de publicidad encubierta: el Capitán América conduce una camioneta GMC y usa una computadora Dell, mientras que el presidente de Estados Unidos hace ejercicio en una Peloton. Un detalle curioso pero innecesario.
Anthony Mackie merece más
Desde su primera aparición en Captain America: The Winter Soldier en 2014, Anthony Mackie ha sido un actor comprometido con el MCU. Su interpretación de Sam Wilson es compleja, mostrando tanto fuerza como vulnerabilidad. Sin embargo, ni siquiera su talento puede salvar un guion tan débil.
Marvel ha perdido más que una batalla con esta película: ha perdido el rumbo. Con una trama insípida, personajes desaprovechados y un protagonista que merece una historia mejor, Captain America: Brave New World es un intento fallido de mantener viva la franquicia.
Con información de AP





