En el corazón del panteón Jardines del Humaya, al sur de Culiacán, Sinaloa, descansa Arturo Beltrán Leyva, conocido como “el jefe de jefes”, en una tumba valorada en 13 millones de pesos.
La ostentosa construcción, custodiada por rejas negras y arcos blancos, es un testimonio del poder del narcotráfico en México.
La tumba, decorada con imágenes del capo y figuras religiosas, es un reflejo de su vida lujosa y violenta.
En el mismo cementerio, yaciendo junto a otros narcotraficantes famosos, se encuentra la tumba de “El Pollo”, alias Arturo Guzmán Loera, hermano de Joaquín “El Chapo” Guzmán, valuada en un millón 200 mil dólares.
Este panteón, que en sus inicios fue un lugar de descanso para la clase media de Sinaloa, se transformó en un fraccionamiento privado y lujoso, marcado por la presencia de prominentes narcotraficantes.
A pesar de la opulencia, la violencia no ha escapado a estos terrenos.
Ahora, durante los primeros días de noviembre, familiares y curiosos adornan las tumbas de estos hombres poderosos, entre ellos, la de “El jefe de jefes”.






