Casi 50 años después del golpe de estado liderado por Augusto Pinochet en Chile, las opiniones del país están divididas sobre su legado.
Según una encuesta reciente realizada por la organización Mori, el 36% de los chilenos cree que los militares “tenían razón” en liderar el levantamiento, un aumento significativo del 18% que pensaba lo mismo hace una década.
Por otro lado, el 64% sigue considerando a Pinochet como un dictador.
La dictadura de Pinochet dejó 3.200 asesinatos, 1.162 desaparecidos y numerosas violaciones de derechos humanos, según la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación de 1991. Además, unas 200 mil personas se exiliaron y 28.000 opositores fueron torturados.
Los defensores de Pinochet argumentan que mejoró la economía y trajo un cierto grado de orden al país.
Sergio Gómez Martínez, contador jubilado de 72 años, sostiene que bajo Pinochet, “había orden, trabajo” y los campos e industrias empezaron a producir.
Las voces críticas argumentan que cualquier avance económico no justifica las violaciones a los derechos humanos.
La dictadura significó represión, fractura (de la democracia), una limitación en el desarrollo cultural, educacional… Miedo y temor
, dice Efrén Cortés Tapia, un pintor de 60 años.
Según Marcelo Mella Polanco, analista político y académico de la Universidad de Santiago, este aumento de voces que justifican el golpe se debe a un “fracaso en el proceso de construcción de la memoria histórica”.
Las encuestas muestran un cambio gradual en la percepción pública, a pesar de que el informe sobre las atrocidades cometidas se ha mantenido constante.
El presidente Gabriel Boric recientemente inició el primer programa oficial para localizar a las víctimas desaparecidas y ha instado a Estados Unidos a hacer públicos los documentos relacionados con el golpe.






