Albañiles, limpiadores, trabajadoras del hogar, vigilantes, hombres y mujeres de todas las edades avanzaban poco a poco por una cola que serpenteaba hasta llegar al paradero junto a la estación de Tláhuac. El final de la línea sufrió el accidente que mató a 25 personas e hirió a casi un centenar en la capital de México.
Todos eran trabajadores que hace casi una década celebraron la llegada del metro, una línea que movía a unas 220 mil personas diariamente. Ahora, la mayoría se resignaba a tardar casi el doble de lo habitual hasta llegar a sus empleos.
“A los políticos les da igual hacerlo bien o no”, dijo Víctor Luna, un vigilante de 54 años mientras esperaba uno de los autobuses con una caja en la mano.
“Siempre pagamos los mismos”, decía María Isabel Fuentes, una trabajadora del hogar de 57 años mientras esperaba su turno para abordar uno de los casi 500 autobuses dispuestos por el gobierno.
Desde que lo abrieron nos daba un poquito de miedo
La Línea 12 es la más reciente de las líneas del suburbano, pero también la que ha estado inmersa en más escándalos e irregularidades; irregularidades que tocan todas las autoridades desde que se inauguró en 2012 por el entonces alcalde y ahora canciller Marcelo Ebrard hasta la actual administración.
Pasajeros y autoridades por igual llegaron a temer que el rechinar y el rebote de las ruedas en las curvas cerradas pudieran acabar en un descarrilamiento, pero nadie esperó lo del lunes. Cuatro días después, los técnicos reunían pruebas para avanzar en el peritaje.
“Estamos acostumbrados a salir de todo pero tenían que haberse hecho las cosas bien”, indicó Luisa Quito, una vendedora de dulces de 51 años que trabaja junto a la estación. Recordó que aunque al principio había gente que se quejó de la llegada del metro porque temían las expropiaciones, ahora la mayoría estaba contenta de tener un medio de comunicación rápido que atravesaba la ciudad.
Algunos insisten en que debería haberse terminado con calma y bien. “Se hizo todo de emergencia porque querían ganar puntos”, se quejaba Andrés Juárez, un encargado de mantenimiento de 49 años en referencia a que se hizo casi al final de la administración de Ebrard.
¿Habrá voto de castigo?
“Ahora tienen que poner todo su empeño porque mucha gente usa este servicio”, confió Victor Luna. Su hija, sin embargo, era menos optimista. Harta de los políticos, dijo que a raíz del accidente ha decidido no participar en las elecciones de medio mandato del 6 de junio porque nadie quiere hacerse responsable de la situación aunque ese sea el trabajo de los gobernantes.
Mi voto nadie lo va a tener, es una pérdida de tiempo… No se vale lo que hacen
Con información de AP






